¡Basta ya! Boletín Literario - Junio - Julio 2013



Quizás sólo sea una estrella
Laura Contigiani




Director: Eduardo Alberto PlanasColaboradores permanentes: Lily Chavez,  Héctor Aldo Valinotti, Alfredo Lemon,  Jorge Luis Carranza, Sergio Pravaz, Silverio Enrique Escudero, Jorge Torres Roggero
 Suscripción gratuita.  Registro Propiedad  Intelectual nº 598958. Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Se puede reproducir con cita de autor y fuente.  Contacto: eduardoplanas2001@hotmail.com /  www.boletinliterariobastaya.blogspot.comTapa y contratapa: Quizás solo sea una estrella, Entre el cielo y la tierra- Laura Contigiani, técnica mixta. Artista plástica cordobesa.
Fotografías: Retiro de tapa y contratapa: Carme Laida (Carmela Feighelstein)




Carme Laida

Contenidos

4. Ni voz paralítica ni verso rampante ni corazón tartamudo – Sergio Pravaz
5. De visita – Jorge Luis Carranza
7. En la garganta de la montaña azul – Isabel María Cadogan
8. Los miedos  -  Los fríos – Jorge Ledesma
10. Corolario – Marco Marino
12. Serranías – Marta López Araya
13. La única muerte – Sombras – Busco en mí – Amanda Tomalino
14. Profanación – El tesoro más grande – Yamil Nievas del Castillo
15. Una cosa trae la otra – De bebés y otras cuestiones - Lily Chavez
17. Encuentro – Martín Ros
18. Presentación del libro: Dos estaciones y media de Lily Chavez
21. Donde la patria no alcanza: La epopeya  de los maestros rurales – Jorge Torres Roggero
28. Cine: El último cuarteto
29. El alivio, la humillación y el terror de ser sólo apariencias en
“Las ruinas circulares” de Jorge Luis  Borges y
 “The Son” de Graham Swift – Alejandra Portela y Gustavo Kofman
35. Presentación de la plaqueta – libro: Dióscuros
39. Larimel – Cantante peruana
40. Ellos: La potestad del verbo – Yolanda Gozálvez
42. Poesía – Griselda Rulfo
43. Formación de la opinión pública – Héctor Aldo Valinotti
45. Un profeta transita el horizonte latinoamericano – Silverio Enrique Escudero
47. DOSSIER: Jóvenes poetas: Natalia Litinova,
 Leonardo Fontani, Franco Rivero, Angie Ferrero, Mariela Laudecina




Ni voz paralítica ni verso rampante ni corazón tartamudo

por Sergio Pravaz

La poesía no es un manojo de palabras que son buriladas en el interior de una bolsa de seda en donde no penetra la realidad. Las miserias y las esperanzas, las dudas y los tormentos son el material, la luz, la argamasa, el barro necesario.
Es la experiencia exterior la que determina los resultados del gran experimento que el hombre desarrolla con el lenguaje. Tal vez, cuando uno escribe, pone en estado de máxima tensión los mecanismos internos que permiten que se manifiesten los sueños, los deseos y los miedos; estos salen a la superficie desde otra lengua, desde otra profundidad, con otro tono, otra visión; tal vez con un propósito.
Es probable que el arte poético entre sus muchas virtudes, tenga también la de rescatar y proteger la memoria de los pueblos. Aún así hay quienes afirman que el olvido es un buen mecanismo de la memoria que tiene por función evitar el dolor; bueno, para eso existe también el arte cuyas inmensas propiedades luchan a brazo partido contra la flor del olvido, la de la mediocridad y la del tedio.
Quien sabe; tal vez su compañía, desde nuestras primeras épocas de nomadismo allá en el fondo profundo de la historia se lo debamos a alguna huella genética, a algo que el hombre felizmente no puede sacarse de encima. Quizá un modo interior de sostener otra mirada cuando la realidad nos abruma, nos agota o simplemente no nos place.
  "El poeta está con vosotros" dijo el gran antillano Saint-John Perse. Y en ese caso, si tomamos como válida tal afirmación, deberemos asumir el carácter de testimonio vital, hecho por el hombre y para el hombre, como testigo y protagonista, como anunciador de ruindades y grandezas que nos pertenecen por igual, comprometido con su poesía, su lenguaje, su contenido y por extensión inexcusable con su realidad.
Apelar a la capacidad creadora del hombre también es un modo de creer y de sostenerse, aún a pesar de los desatinos y los errores que siempre nos acompañan, pero en el convencimiento que éstos sólo surgen de la infinita voluntad de intentar aquella construcción colectiva que nos permita justificar nuestro paso por el mundo más allá de las convenciones habituales.
El hacer siempre conlleva riesgos, inquietud, úlceras, temores, inseguridades, pero también mucha felicidad, mucha alegría y paz con uno mismo cuando un compromiso real nos sostiene. A pesar de todo, de lo difícil que significa levantar la bandera del arte en nuestro país, tradicionalmente tan autista y tan mezquino a las necesidades culturales de la gente, celebramos el hecho de reunión; hacemos un encendido elogio a la posibilidad de que la gente participe y se manifieste, y aún a tientas, desarrollemos en conjunto lo poco o mucho que nuestro espíritu nos permita dar.
Juan Gelman dijo: "...no ganará plata con ellos, no entrará al cine gratis con ellos, no le darán ropa por ellos, no conseguirá tabaco o vino por ellos,  "con este poema no tomarás el poder" dice, "con estos versos no harás la revolución" dice, "ni con miles de versos harás la Revolución" dice, se sienta a la mesa y escribe".



De visita




“… coserse las heridas con hilo tristísimo…” Laura García del Castaño




La rama está quieta,
los pájaros se  posan
y se  van yendo.
La casa se llena
y se vacía
como si latiera.
Hoy pasó la muerte
y su tropel
por el corazón.
Hay que encontrar
la manera  de no huir de ella
ni quedar pegados.
Algo tan pero tan  simple
y  complejo a la vez.
Algo que no se encuentra
en ningún libro
y  está escrito en el cuerpo.
Solo un estar, un quedarse;
en esta precariedad
después  que la muerte
estuvo de visita.


Jorge Luis Carranza









En la garganta de la montaña azul


I-

En la garganta 
de la montaña azul

Cielo de piedra
llueve en puntas sus lágrimas 

Agua que escurre piedra centenaria.
Rosados resplandores
corren lanzando estrellas hacia el centro

Oscuro abismo
sin fondo, sin paredes
oquedad, piedra y agua
intimidad del vientre de montaña

II-

Y así, como de pronto
lo vacio
fue tierra
Y la tierra,
un abrazo
pesado e infinito
abandono en los huesos y el alma
y  fue amor, 
y frescura
y el final de la fiebre y
la memoria.
un abrazo absoluto
y absoluto descanso

Isabel María Cadogan










Los miedos...


sé que eran varios
azules, grises y amarillos...
se que las miradas también me seguían
me atacaban me dolían...

sé que cerré mis ojos
y sentía sus respiraciones de odio
sé que gruñían y olían a sangre fresca
me daba miedo y frio

sé que siento sus golpes
que nunca se animaron a darme,
porque no golpean
solo lastiman...solo lastiman


Jorge Ledesma



Fríos eternos

miro sin mirar,
la inmensa espesura de la noche
el frío me arropa la piel
y me astilla el vientre

tu misterio se describe
como una sinuosa luz de neón. 
Me enmarca las siluetas muertas
gastadas de olvido.

Aprieto mis puños de dolor,
me estremezco de furia
me controlo la respiración entrecortada
y sueros de vapor desprendo

camino, sostengo este cuerpo
vacío de soledad y frío.
Camino, y destruyo el tiempo
en el sonido de mis pasos

Jorge Ledesma










Corolario


La sombra
y un dejo de luz
contorneándote la figura.

Acaricias apenas tu cintura
con la mano izquierda
mientras dejas equilibrar el hombro
a la altura del pecho opuesto.

Te vuelves una arista zigzagueante
infinita
donde lo claro no es lo que seduce.
Terminas por convertirte
en pura sombra.

Quizá al salir la luz
te imagine completa.

Marco Marino





Serranías



Después del cruce
más cuatro curvas audaces
entre bullangueros gorriones
está la casa

Aromada
con flores amasadas
por luceros
que brillan entre la blanca harina,
de amores sabrosos

Violetas de pan
leudan
al calor de sus ojos
con revoloteo de pichones
las alas
se tienden al fruto maduro

Los amores crecen
al abrigo de la casa
al abrigo de sus manos
al abrigo…






Marta López  Araya















La única muerte

A cada momento
 soy la huella de otros hombres.
Un abismo lacerado de afanes.
El pequeño animal que no comprende.
A cada momento
y a punta de mi espalda
recorro cicatrices
que me miran calladas.

Y el grito peligroso
 es esta piel con la que hago el día
 el fuego que soy
 y que me lleva.






Sombras

Soy la que inflama
el abismo.
La que escarba sin fin
el miedo.
Mirándolo
sin que lastime.


Busco en mí

Un cuerpo en el reflejo.
Del otro lado
una vieja ciudad
deshabitada.


Amanda Tomalino









  Profanación

   Un reducido grupo de adoradores
   del falso dios de la materia
   profanaron a la madre tierra.

   Poniendo a la economía
   como la suprema razón
   construyeron fábricas gigantescas
   edificios que suben hasta el cielo.

   Progreso de la ciencia
   y de las máquinas
   mientras el hombre se debate
   entre el hambre y la locura.
   !No hay dogmas inmutables!
   es tiempo de gestar un mundo nuevo
   que vibre en armonía con todo lo creado.

  
  





 El tesoro más grande

    El tesoro más grande
    es pasar la noche
    en una Inti-Huasi.

    Saludar al astro
    cuando asoma
    detrás del cerro.

    Y quedarse en silencio.
     

Yamil Nievas del Castillo







Una cosa trae la otra                              Por Lily Chavez



De bebés y otras cuestiones.                
Alguna vez me dijeron “mamá” por primera vez y fue una palabra bellísima para mis  oídos. Ahora soy abuela y también seguramente me gustará escuchar esa palabra en boca de los nietos. Visitando hace unos días a mi hermano mayor, caí en  cuenta que los hijos de sus hijos son  sobrinos nietos: wuauu, hasta donde hemos llegado me dije.  Así fue que, al menor descuido, estábamos hablando de bebés y, después,  el largo rio de palabras fue desembocando en los grandes inventos de la humanidad. No, no hablamos de la lámpara eléctrica ni del teléfono, ni de la evolución tecnológica, hablamos sobre pañales, para muchos, unos de los inventos que relajó los hogares y vino a solucionar un tema particular, tedioso, incómodo y a veces hasta complejo. El pañal tiene tanta historia como la humanidad misma. En la década del cuarenta cuando lo que había era   una tela rectangular, gruesa, de algodón, doblada de una determinada manera en Suecia idearon los pañales desechables, realizados con una hoja de celulosa mientras que, en EE.UU,  se inventaba la cubierta de plástico que evitaba la salida de líquidos. En los 50 el pañal desechable era un artículo de lujo costoso para la mayoría: tenía un diseño sencillo, con un núcleo absorbente  de papel tissue y de exterior plastificado, sin método de sujeción. Ya en los 60, se le introdujo una capa de fibras de celulosa que mejoraba la capacidad de absorción del pañal. En esta década se produce la mayor transformación, ya en los 70, las empresas empiezan a competir y los precios al consumidor a bajar. Luego llegaría el elástico para mejorar el ajuste del pañal y cambió de su forma rectangular a una forma de reloj de arena que permitía un mejor ajuste a la anatomía del bebé y que es el que se sigue usando actualmente, aunque ahora hay pañales específicos para cada edad, para el día o la noche, con aloe vera, para usar de bañador y ojalá que pronto se invente algo más compatible con la ecología. Y bien cierto es que los inventos nacen de la necesidad de quienes lo crean. Miren: En 1887 fue una mujer, Maria Allen de EE.UU la que crea el pañal  de tela de algodón, imponiendo incluso la palabra pañal, derivado de paño – daiper en inglés – conocido también como mantilla en algunos países. Luego fue Marion Donovan quien tras el nacimiento de su primera hija, se planteó la necesidad de crear algo que le ahorrase tiempo y le evitase estar continuamente lavando los paños de tela, que muchos, incluso hacían hervir para evitar daños a la piel del bebé. Su patente data del 19 de enero de 1949. Bautizó su invento como “Boaters” y fue tal el éxito de venta que cuando la patente fue aprobada dos años más tarde, ya tenía una oferta de compra por su invento de un millón de dólares, ¡qué tal!. Y un dato curioso: el 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanzó el primer satélite al espacio, el Sputnik y allí también los pañales comenzaron su carrera espacial, ya que lo usaban los astronautas que pasaban largas horas en paseos espaciales o que estando en el interior de la nave no podían sacarse el traje espacial en cualquier momento. Y volviendo a Marion Donovan quiero agregar que entre 1949 y 1996 presentó más de 20 patentes de inventos creados para hacer más cómoda la vida de las amas de casa  y los pañales quedaron en manos de Victor Mills, ingeniero químico de la empresa Procter & Gamble que lo desarrollaría y comercializaría, ya que fue a quien le vendió finalmente su idea.
Los escritores, especialmente los narradores, somos observadores y cada tanto se me ocurre que algunas cosas tendrían que ser de otra forma para  que tengan más beneficios, así que no se sorprendan si ven ni nombre patentando algún invento. No sería la primera vez que un escritor lo hace ,  ya que alguna vez les conté que el inventor del inodoro fue el poeta John Harrington  y hay mucho más como que el escritor Morgan Robertson, inventor del periscopio. Este escritor fue además quien en 1898 escribió la novela “Futility, or the wreck of the titan” donde un transatlántico llamado Titan, de gran lujo, se hunde en aguas del Océano Atlántico al chocar con un iceberg (más de una década antes que el hundimiento del Titanic) y luego en 1914 escribe “Más allá del espectro” donde pronosticaba una guerra entre EE.UU y Japón.  Se lo encontró muerto en una habitación de hotel, se cree que se suicidó por las imágenes terribles que le daban sus predicciones pero eso es historia para otro capítulo de Una cosa trae la otra. Hasta la próxima.




Encuentro

Ingresare al bar y esperare, porque sé que llegarás puntualmente, varios minutos tarde.
El mozo, el cajero y un profesor estarán allí. Luego, irán llegando un vendedor de loterías, un par de amigos y probablemente, una pareja.
Las mesas con sus manteles limpios se hallarán dispuestas y las lámparas regarán una luz espectral. Acechantes en las vitrinas descansarán las tazas y las copas.
Habrá silencio.
Cada uno estará sumido en sí mismo.
Nadie se moverá.
Te veré llegar.
Entrarás y cruzarás el impreciso punto de las puertas, donde las direccione se confunden.
Tus ojos me encontrarán.
Te acercarás a mi mesa y te sentarás.
El mozo nos servirá dos tazas vacías y limpiará los ceniceros de cigarrillos no fumados.
El profesor irá a sus clases sin alumnos y el vendedor voceará loterías sin premios que nadie comprará.
Los novios se darán cuenta que no se conocen, los amigos, que nunca han siso presentados y por consumiciones no servidas, el cajero rendirá un balance en blanco.
Tomarás mis manos y sonriendo dirás que me amas.
Devolveré tus caricias, enfrentaré tu mirada y fingiendo alegría, yo también te mentiré.

Martín Ros






Presentación del libro “Dos estaciones y media” de Lily Chavez





    
  


El 15 de marzo del cte. Año, se efectuó la presentación el libro “Dos estaciones y media” de Lily Chavez.  La misma se realizó en la Asociación de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de Córdoba, sito en calle Belgrano 224 de nuestra Ciudad de Córdoba, estando la misma a cargo de  la poeta Susana Cabucci y de Jorge Paolantonio. Por su valor literario transcribimos las palabras de este poeta sobre este hermoso texto.
"La poesía es una manera de expresión como cualquier otra –decía Glauce Baldovín; "todas las maneras de expresión son buenas, como acariciarle el pelo a alguien, preparar el café con leche a la mañana, regar una planta, mirar el sol, caminar bajo la lluvia. No hay otros misterio" (citada por Livia Hidalgo)
        Hemos anotado en la contratapa de este  "Dos estaciones y media” –que hoy presentamos- que se trata de un texto que revela un itinerario en tiempo y espacio. Una travesía que, a pesar del trayecto,  tiene una imagen omnipresente y es la de esa mujer  'confinada al recuadro de una ventana donde los pájaros pocas veces se dejan ver’.
       He resaltado también que Liliana Chavez se deja habitar por revelaciones: sabe que ‘a veces la realidad es una verdad tardía’. Por ello, utilizando una historia familiar tocante –que ella se ocupa de re-significar- la poeta pone a su propia madre en ese ventanal y la  suspende para susurrar la sentencia de Publio (el) Sirio: "quien pierde la fe no puede perder más".  La paradoja es en qué medida esa madre y esa hija [los roles a veces se invierten y otras son simbióticas o indivisibles]  luchan para no perder la fe. Hay un credo antiguo que a veces las ampara. Pero también hay un miedo atávico, un temblor jamás convidado que se cuela por las grietas de la duda o la incertidumbre.  
      Sucede entonces que la voz filial necesita desdoblarse  entre visión palpable y sentimiento entrañable. Hay un deseo: ‘aletea, Madre, no te quedes entre las cenizas’. Este vocativo es reminiscente de aquel bellísimo pedido de Dylan Thomas a su propio padre: Do not go gentle into that good night / Rage, rage against the dying of the light//  [= no entres dócilmente en la buena noche aquella / Lucha, Lucha contra la muerte / desaparición de la luz].
       "Dos estaciones y media" –título puesto así, frente a nosotros, en el aire- alude literalmente a una medición. ¿Es una medición exacta?  Diríamos que no. Ni siquiera llega a completar ese tres que dicta la cifra armónica perfecta. Pero justamente, Liliana necesita esta primera instancia  - la nominal- para introducirse (e introducirnos) en un devenir tantálico. [Y si menciono a Tántalos no lo hago en el sentido Kantiano,  sino en el de la impotencia del rey mítico cuya sed y hambre jamás podía saciar.] Es paradójico, por otro lado, que esas "dos estaciones y media" esté dividido en tres partes. Quizás sin intención confesa, la poeta "necesita" merodear la armonía. O al menos, deslizarla.




       La primera sección no lleva un nombre identificable. Sin embargo, y basándonos en el hecho de que las dos partes restantes son "casas" –concretamente "la casa de la calle Elfein" y "la casa del boulevard"-  se nos ocurre que este lugar innominado de la primera parte es justamente la antítesis de lo que Liliana nombra cuando dice "la casa". Más bien es un lugar sombrío. La idea de un lamento que no cesa y la reiteración de la palabra llanto termina de conformar ese hospital u hospicio donde contrastan el berrido de un recién nacido  y esa mujer que seca unos pies que se mueren.  
[Citamos:] "me pregunto madre / que te duele más/ si esa herida en tu costado izquierdo/ o esa oración que no llega / a oídos de Dios".  Y es ese estado agónico en "la casa del dolor" el que se mide en dos estaciones y media. [Citamos:] "Han pasado dos estaciones y media / todo el frío y la sed/ todos los enjambres". Pero hay una luz que se enciende por primera vez: "Es hora de volver a casa (aunque el dolor insiste en alojar sus crías en el cuerpo)".     
      Abre la sección de "la calle Elfein" una cita de Petrarca: "el constante suspirar nada alivia".  Esa idea de que de nada vale condolerse se tiñe de una nostalgia que no permite asir la frialdad que predica. [Citamos:] "extraña la mujer impresa en su memoria / la que ahora camina al borde de la lejanía // extraña el trabajo de las manos […] la brisa / en la ronda de la mirada".  Liliana alcanza aquí una imaginería que vibra entre el realismo crudo y la poesía pura: "lo suyo es un monólogo: comienza y termina / en abismo/ como una palabra que atada al árbol de la muerte /sigue teniendo hijos". "Claudicar no es lo de ella" dirá poco más adelante  para llevarnos hasta ese ‘aletea, Madre, no te quedes entre las cenizas’ que anoté al principio. Es en esta instancia, también, donde la impotencia acentúa una sensación que –agazapada- ha venido amenazando: "Ella que lo ha visto todo ha quedado afuera /  Parece no estarle destinado resplandor alguno".
        Esta separación del objeto amado parece señalar dos vías: el renacer del sufriente [ahora iluminado a través del padecimiento ] y la soledad de aquel que sostuvo [agotado y ya sin posibilidad de  resplandecer]. No voy a entrar en disquisiciones filosóficas. Prefiero traer una anécdota de Rudyard Kipling. Visitando Japón, en 1889 –Kobe, para ser exactos- el inglés vio bajo la lluvia un cortejo fúnebre. "Pasó una procesión caminando pesadamente por el fango pastoso. Nadie lloraba. Alguien cantaba una canción a media voz, una canción quejumbrosa que sí había oído una vez, muy lejos, al norte de la India, de labios de un nativo que había sido desgarrado por un oso. No tenía esperanzas de salvación, y cantaba su propio canto fúnebre mientras lo transportaban. Al cortejo en Kobe fue añadiéndose gente, pero no hubo lágrimas ni aspavientos. Solo una canción que fue haciéndose colectiva y a media voz, respetuosa incluso con el terrible aguacero"           
       Y es en este punto donde 'la casa del Boulevard' recibe de nuevo a su dueña. "Ha sido largo el camino; hastiados los dedos que tocaron el dolor". "Ella ha cedido sus piernas; ya no pregunta por qué: tiene un Dios que le ha encendido los ojos". A la iluminación por el dolor es casi un lugar común. Pero aquí está expresado con una poesía potentísima que sacude  con cada verso. Tomemos para finalizar estas cuatro líneas No hay conclusiones posibles. Acaso exista un árbol donde colgar los sueños // pero eso quizá  sólo lo sepan los pájaros.
       Como en el cortejo de Kobe, Liliana Chávez canta una antiquísima canción. Quizás solo musita una oración aprendida de su propia madre. La hija amantísima ofrenda las últimas y las más expresivas visiones de una resolana provinciana y claroscuros de tragedia.
El hospital, la casa de la calle Elfstein, la casona del boulevard: cada una ha cobijado la medida entre el padecimiento y la desesperanza, cada una ha sido testigo de un ser que pudo re-encender el credo de prevalecer con la palabra, entre el dejarse morir y el de luchar contra la desaparición de la luz.  
        De allí que en DOS ESTACIONES Y MEDIA sean tan altos el amor y la fe como la poesía que los atraviesa.



JORGE PAOLANTONIO
Marzo de 2013




Donde la patria no alcanza: la epopeya de los maestros rurales

 Jorge Torres Roggero
(Sobre: GODOY ROJO, Polo, 1990, Donde la Patria no alcanza, San Luis, Editorial Anello)


1.- Los últimos de la fila:
            A poco de incursionar por las historias de la literatura argentina, caemos en la cuenta que el canon sólo incluyó, como fenómenos de relevancia, movimientos y obras literarias registrados en Buenos Aires.  A veces los autores son provincianos; más aún, su temática suele versar sobre el interior, pero es un interior mirado desde el centro del poder económico, político y cultural que es el que impone los gustos, prestigios, formas discursivas y estéticas admitidas como legítimamente literarios. Esa ha sido siempre la función de las páginas culturales de los grandes medios, la estrategia de las editoriales, asociaciones de escritores, fundaciones y cátedras universitarias que son las que otorgan legitimidad y visibilidad a los artistas y escritores. El resultado es la invisibilización de la rica veta cultural de las provincias, el amordazamiento de las voces de sus poetas y cantores, la banalización de sus relatos y pensamientos.
En consecuencia, en las historias de nuestra literatura hay siempre un lugar de rezagos. Allí se confina a aquellos escritores rotulados como  costumbristas, regionalistas, folclóricos. Se mezcla, sin ningún discernimiento, el regionalismo conservador de algunos escritores, comunes a las provincias y a la capital, que exaltan la región como forma de conservar un estado de cosas en que la única voz es la del patrón,  el caudillo o las minorías gobernantes, mientras el pueblo sólo es admitido como un conjunto de seres obedientes, sumisos, pobres pero honrados, ignorantes y supersticiosos por generación espontánea y sin posibilidad de cambio, sujetos de un pintorequismo sin conciencia histórica cuyas únicas oportunidades devienen de la tarea consciente de unos pocos.
Existe, sin embargo, una literatura del interior, que sin alardes de experimentaciones vanguardistas, retoma el relato que nace como un murmullo confuso del seno mismo del pueblo humilde. En ese campo discursivo, que todavía debe ser sistematizado, debería incluirse la literatura producida por los maestros rurales.
Los maestros rurales, a partir de la década de 1930, a largo de los cuarenta y comienzos de los cincuenta, van marcando en sus textos la profundización de los conflictos en las personas y en las cosas en un marco de migraciones internas mientras llegan los coletazos del advenimiento del peronismo al poder.
Son numerosos los maestros rurales escritores que dan un carácter de especial excelencia a la literatura escrita en el interior del país. Repasaremos algunos para distinguir una serie de preocupaciones comunes que definen la especificidad y el relieve de su escritura. Recordemos, entre otros, a la santiagueña Blanca Irurzún, maestra y escritora social, que propone la educación como solución de los males que aquejan al país. El dolor por sus changos, le “sube como una raíz desde el alma hasta la palabra” y da marco a la visión de los estragos de la miseria, el alcohol y la explotación. Por su parte Diego Oxley, toma la palabra de los abandonados del chaco santafesino “casi aislados de la civilización”, ingenuos, “naturalmente simples y hospitalarios” y que muestran su nobleza “hasta en la enemistad”. Quizás el más conocido de estos maestros rurales escritores, junto al santiagueño Jorge W.Abalos, sea Velmiro Ayala Gauna. Maestro durante veinticinco años en su Corrientes natal, dejó entrar en su registro discursivo los efectos destructivos sobre la vida familiar  y de relación que comporta la miseria: enorme cantidad de analfabetos y de ineptos para el servicio militar, falta de caminos, míseras escuelas ranchos, niños muriendo por enfermedades endémicas, hermanas e hijas emigrando para ejercer de sirvientas en las casas ricas de la ciudad o como carne de explotación de los “pater familias” y los “niños bien”.
En este importante bloque discursivo debemos incluir la narrativa que Polo Godoy  Rojo despliega en Donde la patria no alcanza que mereció  en su momento el primer premio de la Bienal Puntana de Literatura, la Faja de Honor de la S.A.D.E y el primer premio de la Región Centro Litoral de la Dirección Nacional de Cultura 1971/1973. Si observamos la copiosa producción literaria de Polo Godoy Rojo advertiremos, como confirmación de lo sostenido en estas líneas, que salvo el primer premio Emecé (1960) por Campo Guacho, la excelencia de su obra ha sido siempre víctima de la encerrona con que el centralismo cultural acorrala la producción de los escritores del interior. Sus distinciones tienen, en general,  carácter regional. Pensándolo bien, tampoco es ajena a ese modo la faja de honor otorgada por S.A.D.E. Capital Federal como aconteció con el admirable Secreto Concarán en 1988. Incluimos entonces a Polo Godoy Rojo en lo que consideramos un capítulo especial de la historia de nuestra literatura: la narrativa (cuentos, novelas, compilaciones de relatos orales tradicionales) de los maestros rurales. Son voces señeras todavía amordazadas. En la medida en que la crítica se ocupe de ellas, podremos hablar de una tradición literaria que “alcanza” a toda la patria, que nos interpela y, sobre todo, deja emerger de las profundidades la energía de la cultura popular, es decir, de la creatividad inmanente del pueblo cuyos saberes trascienden el alfabeto. Como en el juego del martín-pescador, los últimos de la fila permanecerán para siempre como hitos de la expresión argentina.
2.- El maestro normal

El protagonista de Donde la patria no alcanza es un maestro normal. Sabemos que los “normalistas” fueron los artífices de la alfabetización en  Argentina. La escuela normal, creación sarmientina, formó miles de jóvenes, varones y mujeres, imbuidos de una fe laica enfocada en la formación de ciudadanos. Su lema era  “educar al soberano”. En las remotas regiones, los maestros rurales salidos de las escuelas normales estaban convencidos de que no podían “mezquinarles el cuerpo” a sus deberes de guía de una comunidad posible de ciudadanos: “Y no lo iba a hacer, piensa el maestro de Pisco Yacú,  protagonista de esta novela, porque ya era muy claro el sentido de su misión humana y social”. En un lugar donde no había ni siquiera caminos, dejaba que la utopía, ese no-lugar de la esperanza, le permitiera soñar con el murallón que algún día convertiría en vergeles esas tierras secas y sin una “sé de agua” o, a lo mejor, con la veta de oro que las leyendas ubicaban “arriba’el cerro” y que se podrían explotar cuando se abrieran los caminos.
Mientras tanto, educado en la historia escrita por sectores dominantes de Buenos Aires, se considera un abanderado de la “civilización” y las apariencias le dan la razón. ¿Cómo no indignarse con la barbarie de la “médica”, doña Domitila, que cura con “unto p’al pescuezo”, flor de ceniza y atando una media al cuello, un flemón en la boca?: “Ni por cerca había andado la médica en su diagnóstico y mucho mal le había hecho; pero era inútil; no entendían que no se pusieran en manos de curanderas”. ¿Podía acaso la médica curar la culebrilla atando un sapo en la cumbrera? La conclusión del maestro es que la ignorancia, más lo vicios, se han refugiado en los ranchos, y desde allí se oponen a sus prédicas y lo consideran un “hereje que venía a combatirles sus acertadas maneras de pensar y de juzgar”. El maestro siente el peso de la irracionalidad cuando piensa en los ranchos “llenos de hijos del viento” que venían al mundo “porque sí, para nada; no eran más que otra boca para chupar de sus necesidades”. En las soledades hoscas, en medio de la “barbarie”, el maestro normal, conformado para la civilización, se siente alicaído:
“Tenía allí algunos libros y cuadernos, allí estaba el pizarrón y los bancos, allí, con él, todos sus conocimientos de maestro normal. Pero todo eso, ¿le iría a servir para algo? ¿Iba a poder su escuela imponerse a tanto mal, a tanta indiferencia desparramada sobre las piedras ásperas, a tanta agazapada soledad y maledicencia? Qué  fácil era soñar con ser maestro en una escuelita rural, sembrando alegremente un horizonte limpio, con niños sonrientes, sonrosados, vistiendo su blanco delantal. Y qué diferente era  esto, donde no se veía despuntar una sola esperanza para afianzar las propias convicciones.”
El protagonista, puesto en la realidad viva de la patria, siente de golpe las contradicciones que polemizan en el centro mismo de su ser. La realidad no es como la pinta el pensamiento hegemónico.
Los saberes de que lo han munido, no alcanzan para insertarse en una realidad fatigada por siglos de dominación pero no de sumisión. La humilde cultura popular brota y organiza la comunidad con los valores de la patria preexistente. Si la patria es el estado liberal, protector del capital extranjero y sus aliados locales, ciertamente no alcanza. Pero la patria pre-existe, está ahí, rezonga hasta en los vicios impuestos, y canta y ríe en la boca siempre nueva de los niños. Primer descubrimiento: habrá que desaprender para aprender, habrá que reconocer saberes ancestrales en esos compatriotas.
De  golpe, el maestro comienza a pensar en la “posición preponderante del porteño” que había sacado “una larga punta de ventaja en su trato con la gente del otro lado del mar, con los hacedores de progreso, señores exquisitos, con quienes, decían, daba gusto departir y, además dueños de grandes riquezas, riquezas con las que vendrían a copar todas nuestras fuentes más ricas y fáciles de ser explotadas”. ¿Qué dejaban a cambio? Una Patria que no alcanzaba hasta los ranchos de aquellos: “Ayer héroes, ahora bárbaros, negros ignorantes, a los que no tan sólo se olvidaba, sino que se los rechazaba con repulsión”. A ellos se les cerraban todas las puertas que pudieran llevarlos a la superación: sin acceso a la educación, sin fuentes de trabajo. El maestro normal va descubriendo, en medio de dramáticas contradicciones, los efectos de la hegemonía  de una oligarquía aliada al imperialismo sobre el cuerpo y el alma de la nación. Su formación, sin embargo, le impide distinguir la injusticia social como fuente de barbarie y tiende, más bien, a pensar que la “frustración terminaba en un profundo resentimiento”. Ese desencuentro, entre los libros y la realidad, llegó a tener consecuencias trágicas en nuestra historia cuando se confundió la conciencia de la propia dignidad y la lucha por la justicia social como una pulsión del resentimiento. Sin embargo, allí “donde la tierra duele y el amor crece”, donde se puede cosechar afectos de niños y grandes, donde circulaba la secreta sabiduría del corazón, el maestro “descubría un motivo más que suficiente para su sacrificada lucha”.
 3.- Cuando los libros enseñan a irse


Cierto día el maestro está dando su clase de lectura. El libro trataba en forma ponderativa “aspectos de la ciudad de Buenos Aires”. De golpe se da cuenta que ha caído en una trampa. También él se había entregado a exaltar con entusiasmo esa grandeza lejana y extraña de que hablaban los libros. Embobados, los paisanitos divagaban por aquello tan diferente al mundo en que vivían. El maestro normal se dice que “también en eso había errado el camino”: “Ahora cierren los libros -ordenó- ¿A quién le gustaría irse a vivir a Buenos Aires?”. Todos eligen irse, hasta los más chicos que no entendían mucho de qué se trataba. Consideraban que su lugar “no sirve”, “es muy triste”. Entonces el maestro les dice con amargura: “Estos libros enseñan a irse”. Pero ahí nomás se encarna en  él una pedagogía de la esperanza: “De pie la clase. Salgan. Vamos a seguir conociendo nuestro lugar”. La pedagogía del oprimido comienza por las cosas que lo rodean. Por eso los chicos salieron contentos: el maestro les iba enseñando todo lo que “por tenerlo cerca, no lo veían jamás”.
Esa es sin duda la fuerza del verdadero regionalismo. La región como núcleo dinámico, con personalidad diferenciada, ingrediente reactivo de la historia en marcha. Detrás de los nombres de las cosas no habla su significado cotidiano sino la tradición como comunicación y reflexión en el tiempo. A veces esta tradición calla (degradación, explotación) pero, a poco que se desamordacen sus posibles, comienza a desplegar su propia dialéctica. No incluye gramática alguna, son a veces nombres pelados pero cargados más que de ideas de murmullos, de la habladuría secreta (el logos palaiós) que los pueblos guardan en su corazón como expresión de un logos escondido y no colonizado que se ha refugiado en el corazón de los humildes. En ese sentido, las regiones son mónadas geoculturales, núcleos de energía que alimentan ciclos históricos, resurgimientos de lo que “está ahí” pero que los civilizados no alcanzan a percibir porque se encuentra fuera del alcance de la razón hegemónica.
El maestro había descubierto las raíces del desarraigo; que la cultura es, antes que nada, arraigo. Mientras soñaba con formas nuevas de desarrollo para la región, los chicos “permanecían en silencio a su lado, sintiendo en las almas que algo nuevo caía desde ese paisaje hecho de árboles, cerros coloridos y senderos vistos anteriormente, sin que nada les dijera”. Educar era así un primer movimiento de liberación, era acceder al apotegma lugoniano que buscaba “ojos mejores para ver la patria”. Ahora trepaban la cuesta juntando piedritas de colores, preguntando sobre hojas y frutas silvestres. Ahora todo tenía un nuevo significado y, sobre todo, historia. Y posibilidad de descubrir un distinto valor. Si miran con los ojos bien abiertos, hasta lo más insignificante ( o sea sin significado) enseña: las arañitas trabajan y los pajaritos mucho más. Emerge entonces la figura entrañable de uno de los personajes más logrados de la novela: “Pajarito”. Este niño que amaba los pájaros, que conocía sus costumbres y sus trinos, que imitaba sus silbos y se transfiguraba con sus menores movimientos, era también el dueño de la antigua palabra. En su voz pone el autor un cuento oral tradicional. Dueño de su medio, el niño ya no tenía miedo de comunicarse con su maestro y el maestro quedaba subyugado por ese mundo nuevo que iba descubriendo en sus niños:
“En lo mejor del baile de los pajaritos, discutieron. Y se trenzaron. A cuchillo limpio jue. Dice l’agüela que saltaban di’aquí para allá y ninguno se podía tocar. Hasta q’en una d’esas se le jue con todo el Chingolo, pegó un refalón el “Pecho Colorau” y áhi nomás quedó. La Pititorra le contaba después al comisario: -Con el cuchillo le pegó…con el cuchillo le pegó… Y le imitaba el gorgeo apresurado del pajarito….-La agüela me contó. Ella sabe –añadía al finalizar, serenándose y quedando muy serio”
El maestro sentía, entonces, como si estuviera echando raíces: “es que estaba tocando el verdadero país, ese que sonaba tan lindo para el oído y para el alma: Argentina.” Libres, los niños soltaban sus relatos, sus adivinanzas y coplas. El maestro aprendía lo que no pudieron agenciarle los libros de la escuela normal: la sabiduría ancestral del pueblo. “Qué comunión espiritual todavía sin corromper corría en las consejas, y dichos aprendidos a la orilla del fogón familiar”: los cuentos del zorro, las adivinanzas, las coplas. Todos rasgos y “resabios últimos” del alma nacional que “en el resto más civilizado del país, había sido borrada”. Y como el ser maestro no era una profesión “para flojos y cobardes”, decide construir con sus propias manos, junto a los pocos que los seguían, la escuela que sustituiría la tapera indigna que había encontrado: cortaron adobes, aserraron y labraron varas; construyeron marcos y puertas para la casa que levantarían sobre un terreno donado. ¿Qué había descubierto el maestro? Nada menos que el trabajo solidario de la antigua comunidad criolla organizada: la minga. ¿Por qué no aparecía en los libros ese modo alegre, esfuerzo y fiesta a la vez, de la solidaridad?
“En una “minga” como las de los tiempos idos, donde entre la alegría y la confianza de no defraudarse, se alzaban las cosechas, así iba a finalizar la construcción que había soñado para su escuela, una casa coqueta, abrigada y con mucha luz, amparada por el viejo algarrobo en cuya vecindad pensaba levantarla”.
La confianza para el criollo es la base de la amistad y es la fuente de la alegría. Antonio Esteban Agüero, otro poeta puntano, también cantó la dulce democracia de la minga: “El trabajo en la Minga se vuelve como fiesta/ como reunión de gentes unidas por la danza;/ no la paga moneda de níquel ni banquero, / sino perfume y gloria de dulce Democracia (…) Nadie era el amo allí; todos eran obreros/ con la luz en el pecho del hombre solidario;/ nadie mordía el agrio rencor ni la amargura/ del que siente en el cuello dogal de proletario”. Digamos, entonces, que donde los libros no alcanzan, comenzó el aprendizaje de la Patria para este desvalido maestro rural.


4.- Mis zapatos no tienen suela


             Hasta ahora hemos considerado un maestro envuelto en las contradicciones histórico-culturales de la comunidad rural. Pero la novela también desarrolla el drama individual del protagonista sumido en una sensación de fracaso, angustia y desolación. Acosado por los dueños del poder local (comisarios, patrones, matones políticos) y por la burocracia, sumido en la pobreza porque los aumentos nunca llegan, privado de todo estímulo y promoción en su carrera docente, sobrelleva años y años separado de su familia, lejos de su mujer y sus hijos que soportan situaciones de verdadera pobreza.     Desesperaba de su intento de levantar al vecindario al que, con mentalidad normalista, lo consideraba sumido sin remisión en la miseria, la esclavitud y el vicio. Desde hipótesis sarmientinas, seguía considerando que esa era una condición emergente de la ignorancia entendida como falta de alfabetización. Insistía indagando sobre nuevos recursos didácticos y psicológicos fatigando cuanto libro podía conseguir. Pero había incorporado nuevos saberes mediante la observación de sus educandos, las costumbres del vecindario, el aprovechamiento de todas las oportunidades que le ofrecía el lugar.          En consecuencia, había incorporado dos nuevos conceptos: dar preeminencia a la enseñanza práctica para abrir oportunidades de mejores trabajos y, además, incorporar orientación hacia la belleza.  En efecto, hoy se sabe que alfabetización sin educación estética (de los sentimientos) aliena al educando dejando incubar en su identidad la mente del opresor; la belleza, en cambio, libera porque abre el corazón a los saberes y la masa de afectos que habla en la tradición. El maestro se sentía más seguro, pero desorientado: “Al sentirse más seguro en el manejo de sus recursos profesionales y sopesar el bagaje poco menos que nulo traído de la escuela normal, se sentía desorientado”. No se explicaba las fallas del sistema de preparación de docentes que arrojaba a los maestros a un rancho sin útiles:
“un simple hueco sombrío, como si no fuera más que un miserable refugio  para alimañas y no un lugar para develar importantes misterios, para acercarse a la belleza y a la bondad, para aprender a conocer y a gustar la vida, para orientar a cándidos niños hacia ese mundo maravilloso que el maestro les enseñaba a descubrir diariamente”. La ausencia lo acosaba por todos lados, pero la más dolorosa era la de su mujer y sus hijos que lo esperaban y esperaban en la ciudad. Siempre preterido, desesperaba ya de conseguir un traslado. Las cartas de su mujer eran ocasión de alegría y tristeza a la vez. Su corazón era tironeado por el recuerdo de su hogar y Pisco-Yacú. ¿Qué hacían sus hijos a esas horas? ¿Estarían reunidos tomando sus tazas de leche o compartiendo el pan que él no podía disfrutar con ellos? Mirarían su lugar vacío en la cabecera de la mesa. Y lo asaltaban las ganas de verlos. ¿Y qué decir de Fernanda, su mujer, resignada a vivir lejos sin ningún reproche? Siempre se enteraba tarde de las enfermedades de sus hijos. Por ahí pensaba que sus hijos mayores sentían vergüenza de verlo vestido con un viejo traje de confección, con esos zapatos urbanos que ahora le resultaban incómodos. A veces no podía comprar ropa a sus hijos. Siempre debía esperar el próximo sueldo. No dejaba de recordar, con dolor, la carta de su hijo menor: “Papa: ya mis zapatos no tienen suela. Yo le pongo cartones, pero cuando llueve me mojo lo mismo los pies”. Dentro de la ambigüedad del maestro rural, resalta un episodio que nos permite situar históricamente las acciones de la novela. En efecto, en una de sus últimas visitas a la ciudad se encuentra metido en una extraña situación bélica. Se escuchan vivas lejanos “de Perón!” y estampidos de fusiles. Era la Revolución Libertadora. En un solo y único párrafo, el maestro reflexiona sobre la etapa peronista:
“Todo aquello había pasado. Lo que empezara siendo un sueño lleno de claridades y bonanzas, se esfumaba como un espejismo. Pero no podía negar que de aquel movimiento, había quedado algo muy positivo. La incorporación efectiva del pueblo a la vida cívica, el despertar de ese mismo pueblo del afán de luchar por una vida digna, la toma de conciencia del gran valor de su capacidad y fuerza para compartir la responsabilidad en la conducción del país, pueblo que ya no se iba a someter fácilmente al mando de los poderosos ni a todas las fuerzas emboscadas que habían vivido negándole toda posibilidad, que era negar las posibilidades de la Argentina auténtica, esa que construían sus callosas manos sin otro reconocimiento que el de tenerlos arrinconados en las orillas como repugnantes estorbos”. Esta apertura mental del maestro normal se corresponde por otro lado con la pérdida de su vista corporal. Con sus ojos en penumbra debe regresar a la ciudad. Rodeado de la lealtad de los suyos: Pedro, su caballo “El Morito”, comenzó a desandar el camino, sueltas las riendas de la mula. No sabía bien si “un pájaro cantaba o lloraba”. El que sí  lloraba era su perro de simbólico nombre: el “Compañero”. El mensaje último de la  novela es una apelación al Maestro de Galilea cuya palabras, resonando “por todo el mundo corrupto”, anuncian “la inminente y definitiva liberación del hombre”.
Bibliografía
AGÜERO, Antonio Esteban, 1972, Un hombre dice su pequeño país, Buenos Aires, Edit. Francisco A. Colombo

GODOY ROJO, Polo, 1990, Donde la Patria no alcanza, San Luis, Editorial Anello)



Cine: El último cuarteto



La historia de esta película gira en torno a los miembros de un prestigioso cuarteto de cuerdas cuyas vidas quedan
profundamente alteradas cuando uno de ellos descubre que está enfermo de Parkinson. Christopher Walken interpreta a una violonchelista de edad avanzada que es consciente de que está sufriendo de la enfermedad de Parkinson. Cuando se le dice a los demás miembros, reaccionan de diferentes maneras.

El primer violín (brillantemente interpretado por el actor menos conocido, Mark Ivanir) es  perfeccionista y obsesivo, cuyas emociones son canalizadas a la música clásica. Con sentido práctico, él simplemente se pone a buscar un reemplazo.

El segundo violinista (Philip Seymour Hoffman) es más apasionado  pero más inseguro y egoísta. Él exige que alternar como primer violín.

Su esposa (la siempre fiable Catherine Keener) se da cuenta de que esto sería un error, y se pregunta si se debe disolver el cuarteto - especialmente cuando ella descubre que su marido ha tenido una aventura de una noche con un joven bailarina de flamenco  que conoció circunstancialmente.
Para debilitar aún más el grupo, la hija- música también- de la pareja,  se enamora del violinista primero. Ni que decir cuando se enteran sus padres. Su música puede ser interpretada por el Cuarteto Brentano pero la digitación de los actores es extraordinariamente precisa.
La actuación es impecable, también. Es un cambio agradable de ver Walken - por lo general encasillado en personajes  siniestros – en este importante papel.



El alivio, la humillación y el terror de ser sólo apariencias en
“Las ruinas circulares” de Jorge Luis  Borges y
 “The Son” de Graham Swift


KOFMAN, Gustavo
PORTELA, Alejandra
Facultad de Lenguas (UNC)


El objetivo del presente trabajo consiste en aproximar dos cuentos marcadamente diferentes en cuanto a sus épocas de publicación y origen de los autores, “Las ruinas circulares” de J. L. Borges y “The Son” de Graham Swift, con el fin de explorar los puntos de contacto entre ambos, particularmente en lo referido a la estructura narrativa y al tratamiento del tema de la identidad individual.

En el conocido cuento de Borges, publicado en Ficciones en 1944, un forastero, hombre “gris” y “taciturno”, desembarca en un lugar no determinado y se refugia en un templo abandonado, las ruinas del santuario del dios del fuego, con el propósito de soñar un hombre e imponerlo a la realidad. Luego de muchos intentos, largas noches de insomnio y finalmente la ayuda de los dioses, logra crear un joven de carne y hueso, a quien envía a otro templo lejano luego de infundirle el olvido de sus años de aprendizaje para que nunca recordara que en realidad era un fantasma. Sin embargo, transcurrido cierto tiempo, unos remeros le relatan la misteriosa historia de un “hombre mágico”, capaz de  pisar el fuego y no quemarse. Ante esto, el hombre gris temió que su hijo descubriera que era “un mero simulacro”. El relato culmina cuando las ruinas del templo del dios del fuego se incendian y el hombre, “caminando contra los jirones de fuego”, descubre que las llamas no lo queman sino que, por el contrario, “lo acarician”, ante lo cual advierte que él también es “una apariencia, que otro estaba soñando”.

El cuento de Swift, publicado en Learning to Swim and Other Stories en 1995, desarrolla la historia de Kosta, un griego que huyó con su esposa, Anna, y su hijo adoptivo, Adonis, a Inglaterra luego de que los alemanes mataran a centenares de griegos durante la segunda guerra mundial. Cuando Adonis ya tiene aproximadamente treinta años, e ignorando aún que es hijo adoptivo, decide ir por primera vez a Grecia. La misma noche en que regresa de su viaje, Adonis enfrenta a su padre y le cuenta que en Grecia alguien  le reveló los secretos de su origen, que su madre falleció cuando él nació y su padre murió en la guerra. El cuento culmina cuando Adonis agrega que además le contaron que él, Kosta, tampoco es quien cree ser ya que sus padres murieron asesinados por los turcos y entonces fue adoptado por unos vecinos.

Considerando el eje de la producción, los textos difieren en el anclaje témporo-espacial de sus autores. Borges, argentino, produce el texto hacia mediados del siglo XX mientras que Swift, británico, lo publica a fines de siglo. El cuento de Borges se enmarca en un idealismo –que Borges trata también en otros textos- que sostiene que el mundo no existe fuera de la mente de los que lo perciben. A través de estas ideas, se resalta que la realidad es una mera apariencia. “Las ruinas circulares” se desarrolla en un ámbito donde predominan la vaguedad, lo fantasmagórico, y lo sobrenatural. Asimismo, los símbolos predominantes y la selección lexical son típicos de la estética de Borges: los sueños sugieren la indeterminación entre el mundo real y el ficticio, la circularidad señala lo recurrente e infinito de los procesos, y la adjetivación enfatiza lo borroso, confuso e impreciso (desierto viscoso, materia incoherente, vana luz, inextricable selva, sueños caóticos, visiones rudimentarias). “The Son”, en cambio, se sitúa más cerca de la crítica posmoderna al colonialismo y a la indeterminación de la noción de identidad. Se enfatizan además la falta de certezas y la relatividad que caracterizan al mundo contemporáneo.




En lo que respecta al espacio y tiempo narrativos, mientras la trama del cuento de Borges se sitúa en un espacio y tiempo vagamente definidos, el relato de Swift está anclado en un lugar y momento histórico determinados. En “Las ruinas circulares”, la narración se desarrolla en “un recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza”. Esta misma indefinición se proyecta en los personajes principales: en el cuento de Borges éstos son “un hombre taciturno que venía del sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba” y su “hijo irreal”, “un fantasma”, “un mero simulacro”. “The Son” transcurre en un restaurante, en la ciudad de Camden, Inglaterra, durante los treinta y cinco años posteriores a la segunda guerra mundial. En el cuento de Swift, padre e hijo tienen respectivamente una identidad bien definida: “Kosta Alexopoulos, born in Smyrna” y “Adonis Alexopoulos, son of Kosta and Anna; born in Athens, 1944”. Finalmente, el cuento de Borges está narrado por un narrador omnisciente, mientras que en el cuento de Swift el personaje Kosta narra los eventos sucedidos en primera persona y desde su perspectiva.

A pesar de estas diferencias importantes entre ambos textos y sus contextos de producción, se pueden establecer numerosos puntos de contacto. Además de algunos aspectos de contacto de menor relevancia, como por ejemplo, el hecho de que el título del texto de Swift –“The Son”- presenta la primera coincidencia ya que el cuento de Borges se centra precisamente en la creación de un hijo y que el hombre gris del cuento de Borges llega desde el sur en un barco a las ruinas de un templo circular, al igual que Kosta llega a Inglaterra, también desde el sur, en barco, huyendo de un país en ruinas, en este trabajo consideraré principalmente el nivel estructural y el nivel temático.

En el nivel estructural, ambos textos resultan similares. Para referirnos a la estructura del cuento de Borges, seguiremos al crítico Noé Jitrik (1971, “Estructura y significación en los cuentos de Borges”, en El fuego de la especie, Buenos Aires: Siglo XXI) quien establece que los cuentos de Ficciones se pueden clasificar en tres categorías que muestran un principio de estructura que surge de los cuentos mismos. Dichas categorías son el descubrimiento, la creación y la organización. Jitrik clasifica ”Las ruinas circulares” como estructura de creación, ya que reúne las siguientes características: a) se trata de un proyecto a cargo de un personaje o del que el personaje forma parte: el hombre gris se propone crear un hombre; b) se cuenta cómo ese proyecto se realiza: paso a paso se detallan todos los momentos de la creación, desde los fracasos iniciales hasta el nacimiento y despertar del hijo; c) hay algún movimiento que provoca hallazgo, indeterminación o disolución: en “Las ruinas circulares” se produce un hallazgo cuando el forastero descubre que él también es producto de un sueño; d) se establece una aproximación entre ese proyecto creado y la realidad: el hombre soñada se inserta en la realidad de la misma manera en que el soñador, también soñado, está inserto.

La estructura de “The Son” es similar ya que los elementos constitutivos aparecen en el mismo: a) el proyecto de Kosta consiste en abandonar Grecia y comenzar una vida nueva en Inglaterra con su esposa e hijo, para lo cual oculta la verdad sobre la adopción no sólo a Adonis sino  a todos los que lo conocen en su nueva tierra; b) se narran los detalles de la vida de esta familia en Camden para poder llevar a cabo ese proyecto de vida; c) se produce el doble hallazgo: Adonis descubre que es adoptado y le revela a su padre que él también lo es; d) se superponen el proyecto creado por Kosta y la realidad. Es importante destacar que en ambos cuentos el momento del hallazgo es fundamental, pero mientras en el cuento de Borges el descubrimiento se produce cuando el padre intenta evitar que su hijo se entere de que es un fantasma, en el de relato de Swift el descubrimiento se produce cuando el hijo se lo revela al padre a modo de reproche por habérselo ocultado.

En el nivel temático, el tratamiento de la identidad es quizás uno de los aspectos que más similitudes presenta. Si bien el tema que desarrolla Borges en este cuento se condice con su insistencia en sugerir la indeterminación de los límites entre el mundo real y el mundo ficticio y el rol del ser humano en esos mundos, tal como lo plantea no sólo en este cuento sino en otros textos –cuentos como por ejemplo “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, poemas como “Amanecer” y varios ensayos, Borges se refiere a cuestiones profundas y fundamentales para los seres humanos de todas las épocas. En este trabajo, definiremos identidad como la capacidad del ser humano para identificar su propia individualidad y distinguirse de los otros. En “Las ruinas circulares”, existen dos referencias explícitas a las consecuencias psicológicas que produce la falta de certeza con relación a la identidad individual. En primer lugar, hacia el final del cuento cuando el padre teme que su hijo descubra que es un fantasma, el narrador expresa: “No ser un hombre, ser la proyección de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo!”. No ser un hombre es entonces una deshonra, una indignidad o una degradación. En “The Son”, no conocer nuestros orígenes también es una vergüenza: Kosta exclama “What a shameful thing for a man to live thirty years not knowing that his parents are not his parents at all”.

La segunda referencia en el cuento de Borges al tema de la identidad se encuentra en la última oración del texto: “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando”. La misma sensación de desesperación que se percibe en esta cita, dada por la intensificación de emociones, del alivio al terror, se manifiesta al final del cuento de Swift. El terror comienza cuando Kosta va a esperar a su hijo al aeropuerto, al regresar de Grecia y sospecha que Adonis ya sabe la verdad sobre sus orígenes: “So I get up at four to meet him at the airport, my heart beating, like a man in a cell awaiting his trial” y alcanza su punto máximo cuando descubre que él también desconoce quiénes son sus padres. El alivio le sobreviene con un tinte de resignación, cuando reconoce que “we are all going to carry on just as before, performing our rituals in the restaurant as if nothing has changed, pretending we’re people we’re not”. Finalmente, Kosta experimenta la humillación cuando, luego de reconocer que toda su familia parece irreal (“We’re all ghosts”), exclama exasperado y abatido al mismo tiempo, “Tell me, who are we? . . . I don’t like the way the world is going.” Esta idea de incertidumbre en ambos casos se reitera a través de todo el cuento y aumenta a medida que el relato avanza: al  comienzo de “The Son”, Kosta afirma: “What you think you know, you don’t know” y más adelante agrega “we’re born in confusion and that’s how we live”. Finalmente, esta temática se refuerza a través de las recurrencias lexemáticas que recorren el texto. En ambos cuentos prevalecen los términos referidos a lo fantasmagórico e irreal. En “Las ruinas circulares”, el hijo es “el soñado”, “el hijo irreal”, un “mero simulacro” y el padre es “una apariencia”. En “The Son”, el hijo es “a ghost”, “not a man, not a Greek, not anything”, “not a real son”, “a wooden substitute”.

En conclusión, si bien existen elementos que distancian a ambos cuentos, las coincidencias en la estructura narrativa y principalmente en el desarrollo temático prevalecen sobre las diferencias. Tanto en el relato de Borges como en el de Swift, a través de una estructura específica –la de creación y hallazgo-, y mediante el uso recurrente de ciertos lexemas significativos a nivel temático, se desarrolla un tópico de relevancia y valor universal: la incertidumbre, angustia, miedo y terror que nos produce no tener una identidad definida.

Bibliografía


Barrenechea, A. M., La expresión de la irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges. México: El Colegio de México, 1957.
Borges, J. L., “Las ruinas circulares” en Obras Completas. Buenos Aires: Emecé Editores, 1974.
Jitrik, N., “Estructura y significación en los cuentos de Borges”, en El fuego de la especie, Buenos Aires: Siglo XXI, 1976.
Swift, G., “The Son” en Learning to Swim and Other Stories. Cambridge: Cambridge UniversityPress, 1995.




Presentación de la plaqueta - libro: Dióscuros



El viernes 19 de abril de 2013, en Garabombo, café cultural, de ésta Ciudad, se efectuó la presentación de la plaqueta-libro Dióscuros de Eduardo Alberto Planas. La misma estuvo a cargo de  la escritora y poeta Mónica Ferrero, lectura del prologo de Jorge Torres Roggero por  Laura Bernardi, con la participación musical de Edgardo Contizanetti, hombre de blues, y de Alejandro Planas y Ariel Llanos.  Así también hubo una intervención teatral de la actriz Marola Farías, acompañado en guitarra por Guido Guidi.
Palabras de Mónica Ferrero: “Este no es el libro de un amigo, sino de dos: de Eduardo y también, de José Luis, que fue también un dióscuro amigo. No voy a abundar, achicando, lo desarrollado por Torres Roggero en explicación del título de esta obra, el título de los gemelos míticos hijos de Zeus y de Leda, dos y uno, la luz y la oscuridad, el bien y el mal,  la vocación de eternidad del hombre y su dolorosa mortalidad, dos caras de una misma moneda o mejor, dos caras de un mismo símbolo que, si queremos volver a la mitología, era, originalmente, un disco o placa, casi siempre de piedra, un pase, que permitía cruzar una frontera y para nosotros, ese pase que permite cruzar la frontera de la realidad a la irrealidad, a la ficción.
 Pero no sólo el título apela a esa dualidad en la unidad, sino que toda la obra se sostiene en ella, desde el formato, que tanto nos ha retaceado el autor para jugar con la sorpresa, pero que también muestra la foto especular  de dos gemelos desnudos, como imagen de intemperie, de vulnerabilidad. Mucho se ha escrito, hasta en nuestros textos jurídicos sobre la vulnerabilidad que crea en la persona la desnudez.
 Pero, estos gemelos presentan la particularidad de que no están enfrentados, sino que sus espaldas se tocan, con los brazos entrelazados, amarrados uno al otro, dándose fortaleza frente a lo que pueda ocurrir, frente al porvenir.
 Tienen además dos rostros cada uno, uno el real, erguido y si no sonriente, sereno, animoso, mirando hacia lo alto y otro, el que les presta la máscara, dolido, vencido, mirando al suelo con abatimiento. Esta imagen de tanta fuerza es una perfecta síntesis de la temática y la andadura de la obra poética.
 Toda la confección apoya esta metáfora del espejo. Está impresa en un papel levemente perlado que refuerza la idea de reflejo y cada título se repite en forma especular. ¿ Y por qué el espejo? El poeta mismo responde en uno de los epígrafes tomado de un verso de Laura García del Castaño: “nacer rompe el espejo de la eternidad/ lo fracciona en infinitas fatalidades”: espejo, la identidad es igual a eternidad, los fragmentos son signos de fatalidad, de mortalidad..
La imagen del espejo se repite: “Me miro en el espejo/ como todos los días de tantos años/ antes estabas tú”. Otras veces está insinuado en la repetición de  expresiones como “la misma, el mismo”, “idéntica”, 
Más adelante él mismo vuelve a explicitar el significado del espejo: “tengo compulsión a mirar en los espejos/ y a veces, aversión a los mismos/ quizás porque en ellos se ven las puertas del infierno”. Mientras los gemelos estaban juntos, repetían idénticas acciones, gustos, aficiones, la vida parecía prolongarse por delante, llenando de sentido, “de pasión”, que postula Eduardo como derecho, cada uno de los actos y elecciones cotidianas: la carrera, la política, la música, la literatura. Las preguntas no tenían urgencia para este dióscuro, porque el otro se ocupaba de ellas, alega; pero, en realidad, porque la experiencia de la mortalidad, de la fugacidad de la vida no lo había rozado.
 La frase de Laura García del Castaño postula que “el nacer rompe el espejo de la eternidad”, pero el poeta siente que la peculiaridad, la “rareza” de su nacimiento, de ser unidad en la fragmentación obra de “aquel maldito genoma / que por azar o, mejor, por rebelde decisión”, reconstruye la unidad original, identificándolos a los gemelos míticos. Es la muerte temprana, inesperada, que con su gesto de intrusa invade el paraíso recuperado quien actualiza las preguntas y muestra cuán equivocado que puede andar el hombre entretenido por los goces del mundo.




 Cada uno de los poemas, construido sobre la fragmentación de la bimembración: “El genoma y los dioscuros”, “Fulano o Mengano, Borges o Cortázar/ Beethoven o Mozart/ contradicciones aparentes…” “la pasión por el derecho y el derecho a la pasión”, “dos formas del mismo sentir, del pensar”.  “A estos recuerdos me gusta conservarlos/ a otros quisiera borrarlos…”, es un diálogo elegíaco con el único interlocutor válido desde el primer día, ése que nació del mismo huevo, “entrelazado por el antebrazo”.
 Si nos fijamos están aquí, en esta pequeña plaqueta todos los  tópicos de la elegía: la presentación del muerto: “el duende-sabio de alpargatas”, preocupado por las eternas preguntas mientras el otro se dispersaba, se entretenía con los placeres del mundo, la evocación del difunto en vida, la interpelación al difunto a quien se inquiere con la angustia con que se inquiere ante el espejo: “Dónde estás si no estás? Dónde tu voz?” y finalmente, la posibilidad del reencuentro futuro con él, cuando llegue otra vez “el momento de probar con el corazón el fruto de la resignación”.
 El primer epígrafe anuncia lo que será luego evidente: la plaqueta es una “ofrenda” al hermano muerto; una elegía, un llanto por ese hermano, el gemelo mayor,  que nos precedió en el camino de la vida y también en el de la muerte y que, por eso, hoy se presume que ha conocido todas las respuestas, o quizás, la única realmente importante, la del sentido de la muerte y de la vida en su consecuencia. Como decía Unamuno: “si del todo morimos todos, para qué todo?”, ese gran dialoguista elegíaco, tratando de encontrar respuesta al dolor de vivir y al horror de morir ante la tumba de su hijo hidrocefálico Raimundo Genaro.
 Eduardo, este amigo, al que tantas veces vimos echar una moneda en la ranura de la máquina de la literatura para cantar las maravillas de la vida, del Norte argentino, de Bahía, de Cuba, se repliega sobre el sí mismo que es su gemelo para tratar de encontrar la respuesta.
Y por qué la mediación de la literatura? El otro día, leyendo a William Faulkner lo escuchamos afirmar que “la literatura es el oscuro hermano gemelo de un hombre, su vida secreta”; oscuro territorio en que se refleja, se expresa, se diferencia, se interroga y a veces, se responde.
 Ese territorio gemelar se presenta ganado por las “eternas preguntas que siempre te hacías y que yo dejaba” para después: “dónde estás si no estás? …Adónde tu voz?...Si el cielo o el infierno existen? … Si Dios existe”. Preguntas que ya no pueden postergarse, que hoy exigen una respuesta, “quizás porque si encuentro la respuesta/ apaciguaré la pena?”, se interroga, contestándose Eduardo. La pregunta que repite una y otra vez es la pregunta por el más allá de la muerte.
 Los dioscuros son hijos de los dioses y por ello avezados en la ciencia de la muerte.
 Qué inmortalidad pretende Eduardo para ambos dióscuros? la de la vida trascendente?
Al menos, la inmortalidad de la segunda y la tercera vida de que hablaba el poeta Jorge Manrique en las “Coplas a la muerte de su padre”: la trascendencia en la vida de la fama, la del reconocimiento en esta ofrenda literaria que intenta y de la publicación de la obra póstuma de su hermano que intentó y, por supuesto,  la 3ra, la de la pervivencia en la memoria de los que nos aman, “ de las voces queridas” que querría que “le llenaran los oídos” .
 Es sabido que en la literatura nos está dado recordar el pasado y también el futuro y que allí más que en ningún lado, la memoria es una reserva invicta frente a la derrota de la muerte. Por eso en los poemas: “El genoma y los dioscuros” y “Recuerdos”, recupera pequeños, mínimos recuerdos de la infancia y la juventud de los gemelos, enunciación sin desarrollo, ni explicación alguna; apenas con el sortilegio de nombrarlos vuelve a re-cordarlos, es decir, vuelve a pasarlos por el corazón: “aquel reloj bajo la piedra…los saltos ornamentales”,  “noches veladas cuidando el dolor,…dialecto inventado”.
 Es llamativa la ausencia de verbos, la categoría de la acción, del movimiento, en estos poemas. Las enumeraciones son enumeraciones de sustantivos, sin verbos: “la marca de nacimiento,/ la política, la literatura y la música/ Fulano o Mengano…/ Dos partes de una misma cosa/ espejos?”, porque la movilidad está negada. El poeta se encuentra paralizado en la intemperie, en la soledad, inmovilizado por el carecer de “destino”, de lugar al que dirigirse, desde que el “refugio que les daba la casa-útero” frente a la fatal amenaza de la muerte ha sido burlado, vencido.
 Pide entonces, reproduciendo el verso de Alexander Pope de “Eloísa a Abelardo”: y título de una película de hace pocos años, como única posibilidad de aliviar el dolor por la pérdida, la desaparición de todos los recuerdos:“en eterno resplandor de una mente inmaculada”, ¿cómo podría sufrir lo perdido quién no recuerda el pasado?
Es también costumbre de la literatura clásica que el poeta se adentre en la oscuridad del más allá guiado por un dios o un maestro, como Dante guiado por Virgilio, como Machado por su maestro Giner de los Ríos, quien va iluminando ese oscuro territorio con la luz de sus verdades. Un maestro al que en la muerte, como en la vida se le puede preguntar: “Qué es esto que tenemos en las manos dolores o esperanzas?”
 Eduardo elige adentrarse en el más allá de la mano de su hermano, como se adentró en la oscuridad de la vida, cuando fue dado a luz, enlazado por el antebrazo, y a medida que va formulando las preguntas, va comenzando a  pensar que “alguna vez va a probar el fruto de la resignación”, en una imagen que pareciera remitirnos a la bíblica de probar la manzana del árbol del conocimiento, del bien y del mal, para muchos teólogos, de la inmortalidad  La muerte no es ya una afilada pregunta lanzada al vacío, al silencio helado, de los primeros poemas donde no sabemos si “habremos de llenarnos los oídos con las voces queridas”, sino que en los últimos versos va llegando esa paz que necesita: “últimamente, una tibia luz ronda/ como un colibrí,/ que ojalá anide en el corazón por siempre”.
Al final, ya parado en el camino “tibio” y luminoso de la pervivencia, que ha conquistado para el hermano, que asegura la expresión “por siempre”, convoca al hermano a escuchar “la canción de la alegría”, “ésa que nunca es igual,” pero “que siempre continúa” y que, por eso, porque siempre continúa,   siempre pudo consolarlos.




Larimel – Cantante peruana

Primera cantautora en América que promueve el respeto al adulto mayor, los animales y el cuidado del medio ambiente.
Es una cantautora peruana conocida  por interpretar con desbordante sensibilidad sus canciones.
El abuelo en su vida

Nieta del violinista desaparecido "César Augusto Vargas Briones", uno de los pocos que tuvo el privilegio de tocar violín Stradivarius.  Su abuelo fallece debido a una negligencia médica en un hospital de Lima.
En la adolescencia recibe premios nacionales por escribir cuentos.
En el año 2008 presenta su disco debut llamado “Los discos de Mariella”, cantando algunos temas que compuso en su niñez y otros nuevos; enfoca principalmente, la defensa de los Derechos Humanos. Son conocidos los singles “Quiero ser un pez”, “Asesino”, “Mariella está muerta”, entre otros.
Debido a que sus letras se centran en las negligencias médicas, la marginación al adulto mayor, el maltrato hacia los perros de la calle y las injustas corridas de toros; Larimel no encaja en los estándares de los medios de prensa locales, que por el contrario la consideran una bomba de tiempo.
Pero es en el año 2009 que presenta una nueva propuesta de rock nostálgico, con su conocido disco “Carta a un abuelo”. El disco es una carta melancólica a su abuelo paterno fallecido. Gracias a este disco acústico, la prensa la consideró la Primera Cantautora en América que promueve el respeto al adulto mayor; sumándose al movimiento de rock nostálgico hispano en el mundo.
En el año 2010 continúa la línea nostálgica y edita el disco “Perro de la calle”, dedicado a su amigo que partió (su perro Peluccini), Una mezcla de poesía y melancolía en las guitarras acústicas y en la voz.
Larimel ha incorporado en su música teclados y efectos electro- acústicos.
Larimel en Argentina
En el año 2012, Larimel presenta el disco “Larimel en Argentina”, que contiene el single “Abril 1900”, “Monsieur Jean Pierre”, “Tamborillero”, “Fin de semana”,”daban las seis” y otros más.
Se presenta en la televisión de Moreno, en radio Telegráfica en el programa “Tejiendo redes”, graba el video  “Larimel en Buenos Aires” de la canción Abril 1900 y ofrece un recital electro- acústico en el Instituto Sociedad La Luz.
Larimel regresa en Junio de este año, a Buenos Aires y visitará la ciudad de Junín, para recibir una mención en poesía, otorgada por  el instituto cultural latinoamericano.
Información contacto:
0051- 1- 4344725
Larimel_solista @hotmail.com




ELLOS: LA POTESTAD DEL VERBO

(Dedicado a la Bandada)
Esos ires y venires
desde lo nombrado a lo innombrable.
Desconciertan y nos perturban
luces y sombras que parpadean
su regocijo o su tormento.
Ambigüedad o certeza
que parecieran
nacer y morir en un instante.
Creaciones que de tan Vuestras
procuran compartirlas.
Pero en el camino
la idea suele detenerse
regresa y se repliega
donde pareciera imposible rescatarla.

Leerlos o escucharlos
es asomarse a rigurosos contrastes
como la redención o la derrota
la celebración o la sentencia-
Ello, los hace inquietantes
al desafiar un tanto la escritura.
No sé si lo hacen con un propósito determinado
o es un grito involuntario
                        de sus más íntimas convicciones.
-doloridos corredores
                        -donde, a veces, extravían los sueños-
Excitan la escritura
y la van puliendo en un escudriñar
                                         sin treguas.
Que la inquietud en la zozobra, sigan
con la misma altura en el buceo
la misma textura de belleza
en valiosas y robustas hebras.

Sus Creaciones se expandirán
como una Consagrada Siembra
que perdura y se enriquece
                        sin doblegarse nunca.                                                                  



   Yolanda Gozálvez




Una rata
quiere mi dedo pulgar.
Otra
espera su turno.

De “En el café”






Perdí los sentidos
una tarde
que arañé
la vida
con las yemas.

De “En el café”



Ella subió desde el osario
con jirones de carne
decorando su cintura.

Cuando quiso hablar
un trozo de lengua
escapó de su boca
para callar su elocuencia.

De “En el café”

 


Todo lo que tengo
es un secreto
que ya conocen.

De “En el café”


Poesía


GRISELDA RULFO
griselda.rulfogriselda@facebook.com

Año 2012







Formación de la opinión pública
La radio

Para recibir el mensaje radial no necesitamos saber leer ni caminar hasta el puesto de venta de diarios: nos basta con pulsar el botón de un artefacto que podemos llevar en el bolsillo. Los medios audiovisuales han permitido lo que hasta hace un tiempo se consideraba una valla insalvable en el proceso de la culturalización.
La enseñanza de los nuevos medios trabaja independiente de la alfabetización. Soberbio vehículo de transmisión y receptor de noticias ofrece instantánea ubicuidad y gran flexibilidad. Un paso más adelante esta dado por la telefonía celular con su acceso a internet. Estos medios tienen un relativo bajo costo.
Escuchar la radio por otra parte cuesta menos que comprar un diario. Los locutores son, para miles de personas, un contacto de otro tipo donde la evasión cumple un papel importante. En determinadas circunstancias esta voz ha servido para arengar, estimular y hasta enardecer. Al hombre se le “golpea” con la palabra y se ha llegado a hablar del “látigo de la palabra”.
Junto con la imagen de la TV, la voz entra profundamente en la consciencia de la gente. A diferencia de la imprenta, la radio, en su fugacidad, salta por sobre la razón. Frente a la voz no hay lugar para la meditación que hace actuar al espíritu crítico.
Las técnicas de influir mediante la voz están cambiando continuamente.
La radio no es un medio anquilosado, se renueva de  manera permanente, al calor de las innovaciones técnicas. Esto ocurre porque los medios están muy relacionados. Así como el offset y la impresión en frio han cambiado el rostro de muchos diarios, la llegada del transistor y las pilas han producido una revolución similar. La radio ha dejado de ser un mueble para transformarse en un artefacto portable. En vez de reunir en su entorno a la familia (en ceremonioso encuentro con la emisora) la radio transformada en utensilio acompaña al receptor todo el día como  un perro fiel.
Las consecuencias sobre el mensaje resultan claras: Este tipo de emisor tan poco formal ha debido tomar un nuevo estilo permitiendo una diagramación distinta y más ágil, llamativa e interesante. Posibilitando “horas de cierre” más tardías y permitiendo la inclusión de notas, reportajes, etc.
La voz solemne y ahuecada de un locutor apegado a un libreto ha sido substituida por una conversación familiar que tiene un “aire de amistad” y hasta un tono de complicidad. En este nuevo estilo el conductor del programa desempeña un papel muy importante: Es el cabecilla del juego animador que se nos presenta como un amigo y sostiene con nosotros unas seudo-conversaciones. Estos auditorios influidos por el locutor amigo son pueblos alejados que pueden no tener diarios ni estar dentro del alcance de la televisión, pero escuchan la radio. En estos parajes (escasos del oeste y un inmenso sector patagónico) las poblaciones han tenido acceso a los medios en un orden inverso: En vez de comenzar por la prensa escrita y la comunicación inalámbrica han accedido directamente a la radio.
La experiencia recogida indica que, este tipo de receptor es poco permeable a la prensa escrita y por lo tanto es poco probable que en estos lugares pueda tener una posición dominante. El receptor de la radio es un caso especial y solo el futuro dirá hasta donde influirá al mensaje escrito. Si el hábito de escuchar se ha establecido antes que el hábito de la lectura, los periódicos durante mucho tiempo no podrán lograr la popularidad que tenían antes.

El Servicio Informativo

En la información que nos llega por medios electrónicos no podemos repasar un párrafo. No podemos re-oír, esto significa que lo auditivo tiene sus leyes propias. Hay que ser directo y sencillo para ser comprendido automáticamente. Hay que evitar las aglomeraciones de ideas. Se pueden redundar y repetir los conceptos.
Estos medios se han difundido con el automóvil, sobre todo en las poblaciones y el campo. La radio exige menos atención, aunque no siempre se escucha, se oye, suena y tiene un rumor que hace urgir la confirmación. Por ello se calcula que el público que ha escuchado las noticias aspira a leer las mismas. Esta característica más bien nos habla de complementariedad entre la escucha y la lectura.
La radio es el instrumento más próximo a la prensa escrita. Frente a la TV que “roba” las horas de audiencia nocturna, un buen número de oyentes sigue las síntesis informativas. En algunos casos la inclusión de grageas informativas dentro de programas generales, con el auxilio de corresponsales y transmitiendo directamente eventos deportivos, políticos y culturales.

Héctor Aldo Valinotti







Un profeta transita el horizonte latinoamericano


En este tiempo de confusión que reina en América Latina resulta imprescindible retornar a las fuentes. Uno de los caminos por los que se puede optar es recuperar el genio de hombres y mujeres que supieron batallar, desde el universo de las ideas, para que nuestro continente se reconociera a sí mismo. Para ello, asumieron como norte preocuparse por la suerte de los pueblos que habitan al sur del río Bravo. Pueblos que han sido vejados hasta la ignominia por las potencias dominantes, con la complicidad de algunos que, renegando de su identidad, trabajaron duro para destruir los perfiles característicos de sus propios paisanos.

José Vasconcelos fue uno de aquellos gladiadores que ocuparon un puesto destacado en la vanguardia latinoamericana. No nos detendremos en sus datos biográficos porque saber dónde y cuándo nació no hace al objeto de nuestro breve ensayo. Sí diremos, con fuerza, que dotó a México de su excepcional sistema educativo, recogiendo la experiencia de Domingo Faustino Sarmiento, al que reconoció como su mentor pedagógico. Es que, como el sanjuanino, estaba convencido de que la cultura y la educación, en conjunto, son el mecanismo reivindicador de la “raza”; creyó que, de esa manera, se potenciaría el Ser mexicano que puede conquistar el espíritu, el intelecto y la grandeza como pueblo y cono nación. Tanta fue su influencia en Centroamérica, Colombia, Perú y en las naciones del mar Caribe que, los estudiantes universitarios por medio de sus federaciones, lo distinguieron como uno de los suyos y le honraron con el título de Maestro de la juventud de América. Lauro que, pocos, muy pocos, han podido detentar, aun cuando muchos premiados “salieron a comprar honores” en nuestra corta historia de continente mestizo.
Vasconcelos es un humanista profundo que comparte largas jornadas de reflexión con pensadores de la talla de Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, entre muchos otros personajes que nos han dejado trabajos portentosos. Quiere ser conciencia de esta raza cósmica amenazada por la influencia del pragmatismo sajón. Así escribe páginas excepcionales, desconocidas por muchos de los que ahora se autoproclaman líderes, conductores del movimiento libertario que pasa por momentos de desconcierto y zozobra.
En Indología, una interpretación de la cultura iberoamericana, advierte que los latinoamericanos debemos sabernos los recién llegados a la historia “[…] pero también los herederos de todas las experiencias y de toda su sabiduría, somos como un grano reconcentrado en el cual todas las especies de las plantas hubiesen puesto su esencia. De semejante concentración de gérmenes saldrá todo un nuevo reino de vida […] En el plexo de nuestro destino se han combinado las unidades específicas y las potencias, las ideas y los ritmos, y acaso nunca hubo mayor confusión, pero tampoco ha habido mayor riqueza que la que nosotros tenemos disponible para la construcción y ensanchamiento del destino.”
En De Robinsón a Odiseo: pedagogía estructurativa, hace importantes señalamientos críticos contra el positivismo que tuvo importante influencia en México a fines del siglo XIX. Vasconcelos dice sobre el positivismo: “La doctrina del método nuevo se comprendía diciendo que todo conocimiento viene de la experiencia y que ésta no es científica y, por lo mismo válida, si no se ajusta a la prueba física que condiciona el efecto a la causa con rigor matemático [...] La enseñanza se organiza, en consecuencia, partiendo de las matemáticas y terminando en la sociedad”.
Su contrariedad por el abandono de la filosofía en las universidades y colegios secundarios se trasunta en cada uno de sus actos. Denuncia que “fue arrojada de las aulas como antigualla y, remplazadas con la sociología, las enseñanzas científicas fueron perfeccionadas, instaladas casi con lujo. La biología, la física y la química dieron base a toda educación impartida; por aquel tiempo incluso el problema del ser lo buscábamos en los residuos de la probeta del laboratorio experimental”.
La causa de Vasconcelos resulta -a todas luces- justa. Hace comprender que la filosofía latinoamericana es un arma de defensa frente a la agresión imperialista. Importa su desarrollo porque facilita la consolidación de la identidad. No importa -nos dice- que esta filosofía de la dignidad de los pueblos latinoamericanos esté equivocada; lo decisivo es formular un ideal, un credo de salvación. Luego se podrá negar “la exactitud rigurosa de alguna de nuestras afirmaciones; se podrá juzgar de diferente manera los hechos; se podrá diferir en cuanto a las conclusiones que de los hechos se deriven […], más lo que no se puede y no se debe negar es que nos urge ir formulando muestro credo nacional y continental, nuestra doctrina de raza y de progreso”.
La raza hispanoamericana -la raza cósmica -explican los vasconcelistas- requiere de una filosofía que le marque caminos y su acción, que guíe su éxito, que le permita transitar la mera posibilidad, de la riqueza de potencialidades a su realización efectiva. Latinoamérica, como toda raza que surge, necesita de una filosofía de la misma manera que los sajones han creado su imperio sobre la base de una ideología fundada en la teoría de la selección de las especies.
Ésta, nuestra primera aproximación al Profeta de la raza cósmica, concluye. El planteo de José Vasconcelos rompió la molicie que imperaba; intentó ser liberador. Sin embargo, en su exaltación mística, subordinó la filosofía a lo religioso…
Silverio Enrique Escudero



DOSSIER: Jóvenes poetas: Natalia Litinova



FLORECER

Mi piel
no sabe
cicatrizar,
debe ser
indicio de algo,
es como
si el cuerpo
insistiera
en permanecer
abierto,
obstinado
en florecer.

TUS OJOS SE HAN VUELTO MI CENICERO 

días y noches te he escrito, la primera frase era no existe Rusia, París no existe.

mis manos se vuelven más y más invisibles, besarte es besar una pared en blanco,
y no nos hemos besado.

miro este cuerpo tan cuerpo, cuántos lo han amado (¿quién podría amar
un cuerpo perdido?), cuántos inviernos prematuros festejaron en su vientre.

al margen de esta hoja se escribe mi vida, y se asusta y se intenta poesía,
se intenta verso claro que fracasa y se vuelve cuerpo.

leo el testamento de Kafka como única carta de amor. pronto en París caerá la nieve.
en Rusia también, otra nieve. vendrá la primavera por vientre.

los que me han amado intentarán volver a mí por la fuerza.

querido, tus ojos se han vuelto mi cenicero.
besarte es besar la desventaja del tiempo.

leo el testamento de Kafka, lo único que me queda.
mientras, regresan tranquilos los que me quieren santa y desnuda.



NO HAY IDIOMA QUE CONTENGA

cada palabra
es piel de la nieve

una niña con una rama
escribe sobre ella

la nieve se derrite
la niña también



DESCENTRA

¿No se te cae el alma del centro
hacia otro centro cuando llueve?
¿No eres otro con cada cambio de luz,
de sombra?
Te entregas a la belleza cuando busca victimas.
Te entregas. Y sólo pensabas mirar.



YA NO

Hay ojos que no van hacia el rostro.

Caen delante: en el después.

No. Aún más lejos.

En el gesto de lo que ya no.



CARTA DE LA AUSENCIA

Cuando entro en la escritura
me convierto en una rama llevada por el río.
En piedra que no se deja arrastrar por la corriente.
Hoy de mí brotaron poemas. No pude más
que estar en ellos. No quiero perturbar con mi ausencia
a los que se acostumbraron a mí.
Pero miro hacia la calle y me alegra estar dentro
con palabras sobre el mundo.




Natalia Litvinova  nació en Gómel, Bielorrusia, el 10
de septiembre de 1986 y reside en Buenos Aires, Argentina. Traduce a poetas rusos.
Publicó el poemario Esteparia (Ediciones del Dock, 2010) y tradujo la
antología Rumbo a Karachnay (Editora Casa Refugio Citlaltépetl A.C. y
Bonobos Editores, México, 2011) de Shajriza Bogatyreva. Este año se
publicarán: Balbuceo de la noche, plaqueta con versiones en francés de Stéphane Chaumet, (Melón Editora) y los poemarios Todo ajeno y Grieta.







Leonardo Fontani
I
Tiempo hace que los bosques no pertenecen a sus dueños. Tiempos llenos de voraces sonidos, gemidos de la espesura, llantos milenarios derramados sobre las piernas de mercurio.
La furia del silencio me atormenta tanto que no puedo más que dormirme y esperar que todo pase.
II
Me pretendo uno más, me pretendo asalariado en la puerta del tren, esperando espacio para abrazar mil desconocidos que son yo. Mil desconocidos que son el calor, la energía que mueve el tren, que nos lleva, desconsoladamente nos lleva, hasta el final de la estación.
III
Me pretendo una coma sin espacio, solo una coma en un abultado texto. Palabras mayores, palabras justas. Grandes letras de grandes autores. Yo, una coma. Una coma que no es punto ni cierre, ni cosa de otro mundo. Una simple coma que todo lo que hace es dar aire para que el mundo siga resolviéndose a sí mismo en busca de ese dios que no es más que un simple espejo.
IV
Si quiero silencio, debo cerrar el mundo ante mí, apartar el cuerpo de mí y ser el mismo silencio. Si quiero Dios, debo cerrar el cielo ante mí, apartar mi espíritu y ser el mismo Dios. Nunca alcanzan las palabras para ser todo lo que se quiere ser.
Hay que ser. Viento, mar, voz, llanto y excremento. Hay que serlo todo.



Franco Rivero



comenterio
después del amor  viene
la negociación
después de la negociación
viene la crisis
después de la crisis viene otra crisis
después de esta otra crisis viene
una crisis con raconto de crisis
entre crisis y negociación vienen
los años
y con los años la creencia de que el amor es
acumulativo

***

esquivaba tus ojos con palabras del día
había aprendido
a que me miraras y creyeras
que todo estaba bien
y si acaso
trataba de mirarme
de preguntarme a mí mismo
qué seguíamos haciendo
esquivaba mis ojos
con palabras tuyas
ni en tus ojos
ni en los míos
soportaba
la evidencia.


Franco Rivero





JAULAS 

Estoy lista para irme de nosotros
a ese yo de una plaza
la taza azul
el armario casi vacío
cuántas noches
otro calendario con cruces


DE FACTO 

Vengar el silencio de los amores
y que los santos
se vistan solos



Si la poeta calla
la mujer llora
y la niña corre
a los brazos de nadie


Angie Ferrero




Mariela Laudecina

Los domingos
juega Atlético Maipú
Y con la abuela
preparamos el canasto con el mate
y bizcochos de anís
El abuelo carga las sillas plegables
en el baúl del auto
Le hago acordar de la bandera
Es una banderita que cosió mi abuela
de tela brillante azul y amarilla
Cada vez que nuestro equipo hace un gol
la agito y salto lo más alto que puedo
¡Dale Boca campeón!
me enseñó mi abuelo que grite
aunque juega Maipú
que nada que ver
Lo que pasa
es que Boca es el padre de todos estos
me explicó
Y yo
me lo imagine como al Espíritu Santo




Mariela Laudecina









Carme Laida




Entre el cielo y la tierra
Laura Contigiani




Comentarios

Anónimo dijo…
Estimado Eduardo y contarte que la estoy difundiendo.Esta muy buena, los contenidos excelentes, como quien dice; "de pe a pa ". Todo nuestro cariño Amanda.
Anónimo dijo…
Excelente tarea. Cada día Basta Ya!, sale mejor. Gracias por incluirme. Nos debemos un nuevo cafe, Abrazos.Silverio
Anónimo dijo…
Muy buena la revista. Especialmente debo destacar la nota de Jorge Torres Roggero sobre los Maestros Rurales.Si lo ves envíale mis felicitaciones. Victor
Anónimo dijo…
Muchas gracias y felicitaciones por la revista. Mariana
Anónimo dijo…
El Basta ya sigue cada vez mejor...gracias... . A
Anónimo dijo…
Para recorrer y leer. Gracias Boletín. Ang
Anónimo dijo…
Hola Eduardo! Tanto tiempo!!!
que lindo ver la continuidad del espacio literario "Basta Ya!
Laura Luc
Anónimo dijo…
Hola Eduardo! Tanto tiempo!!!
que lindo ver la continuidad del espacio literario "Basta Ya!
Laura Luc
Anónimo dijo…
Quiero enviarles un abrazo fuerte y mi agradecimiento a Eduardo por el boletín de junio que recibí cuando estaba en Buenos Aires, por promocionar mi música. Lástima que no pude conocer córdoba pero me llevo buenos recuerdos de su hermoso país. Un beso desde el Perú. LARIMEL.

http://www.youtube.com/watch?v=Erfzl8rXu44
Anónimo dijo…
illa dolores, 28 de junio de 2013
Estimado Eduardo Alberto Planas:
He leído con satisfacción el número 128 de ¡Basta ya! que ha tenido a bien enviarme. ya se trate de prosa o verso, los trabajos que en esta importante revista cordobesa figuran me reconforta por su práctica de una literatura con sensibilidad social, no enfática pero si enérgica. Nada de gratuidades líricas o indignación declamatoria, sino palabra sin ataduras ni convencionalismos. Modestamente, entiendo que asumen un lenguaje y entonación que me cuentan entre sus cultores.
Ni que decir lo que significan para mí, las colaboraciones de Jorge Torres Roggero, cuyos libros Elogio del pensamiento plebayo y Confusa patria ( el primero inteligente mente ensamblado en el artículo incluido en la presente entrega de Basta ya por el mismo Jorge) prestigian mi biblioteca.
El poema "Remera" de Jorge Luis Carranza fue analizado en el Taller de aproximación a las Palabras que conduzco y algunos otros textos de su revista correrán la misma suerte.
Es grato recibir periódicamente la publicación que usted dirige.
El abrazo entusiasta de este plumífero semioculto por las Sierras Grandes.

Osvaldo Guevara

PD: Magnificas la tapa y contratapa.
Anónimo dijo…
Hola Eduardo!
quería contarte que me ha conmovido mucho con Dioscuros... bello homenaje! Me encantó leerlo. También ha sido un gusto de conocerte personalmente.
Un abrazo! buen fin de semana!!
Liliana
Anónimo dijo…
Sr.
Eduardo Alberto Planas
De nuevo un número de ¡Basta ya!, ahora el 129, alimentando mi apetito de lector, con su contenido heterogéneo y su unidad de tono (antirretórico, desgarrado, confortante).Medular el ensayo de Torres Roggero sobre los maestros rurales, en la línea de sus libros Elogio del pensamiento plebeyo y Confusa patria. Le escribí al respecto. Novedoso el trabajo de Lily chavez sobre los pañales (cuya paronomasia es, curiosamente, puñales). La referencia de Valinotti a la radio -que comparto- actual y necesaria.
Con respecto a Dioscuros orondamente prologado por Jorge erudito mitólogo acriollado. Su libro, Sr. Planas,conjura el dolor trasncendiéndolo líricamente. Le auguro éxito de crítica y lectores con él.Poeía y dolor son inseparables, como usted con su gemelo. Cordialmente
Osvaldo Guevara
Villa Dolores

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