domingo, julio 09, 2017

Boletín Literario Basta ya - Julio Agosto 2017 - Edición Especial - POETAS DE LA BANDADA






¡Basta ya! Boletín Literario
EDICION ESPECIAL
Director: Eduardo Alberto Planas. Registro Propiedad  Intelectual Nº 598958. Hecho el depósito que marca  la ley 11.723.
Contacto:eduardoplanas2001@hotmail.com www.boletinliterariobastaya.blogspot.com - Tel: 0351- 4886974 – 156170141. Esta revista se terminó de imprimir en Grafica 21 – Duarte Quiroz  N° 1702, Córdoba.  Diseño y diagramación: Laura Pozzo
CONTENIDO: POETAS DE LA BANDADA: Angelita Acero, Mely Almada, Javier Almeida, Silvina Anguinetti, Nito Biassi, Molly Bic, Jorge Carranza, Silvina Ce, Lily Chavez, Marta Comelli, Juan Croce, Stella Marys Darraidou, Pablo del Corro, Alicia  Díaz, Reni Díaz, Faby Fasulo, Selva Furlán, Laura García del Castaño, Yolanda Gozálvez, Ricardo Gutiérrez, Julia Guzmán, Fany G. Jaretón, Rocío Jiménez, Graciela Kurán, Alfredo Lemon, Alicia Loza, José Machado, María Juana Molina, Daniel Montes de Oca, Eduardo Planas, Alejandra Portela, Cristina Ramb, Aura Re, Lelia Recalde Deponti, María Claudia Righero, Graciela Roque, Mónica Rúffolo, Irene Scalabrelli, Carolina Sorrentino, Diana Vásquez,  Juan Martin Velázquez, Elena Zitelli. POETAS INVITADOS: Guillermo L. Bawden, Guillermina Delupi, Camila García Reyna, Marcelo Gioino, Christian Hertel, Mariela Laudecina, Eda Nicola, Daniel Tomás Quintana, Lilia Ramírez Carrera, Susana Slednew, Claudia Tejeda, Mario Trecek. // Kaiser - Osvaldo Guevara
Esta es una Edición Especial dedicada al Café Literario Noche de Bandada, que lleva siete años celebrando la Palabra en nuestra Ciudad. Conducido por Lily Chavez y Laura García del Castaño, sus autoras intelectuales, se inició allá por  el mes de mayo de 2010. La Bandada, como es conocida en el ámbito literario, ya está establecida como un baluarte de la  Palabra. Por ella desfilaron  prácticamente todos los poetas y narradores de nuestra ciudad y provincia.
“La Bandada -dice Laura García del Castaño, en Revista Desterradxs nº 26-  ha tenido, como en el futbol, noches y épocas gloriosas y otras de menor público o intensidad, pero ha sido constante su permanencia. La gente que pasa por la Bandada es libre de ir y volver cuando quiera, su asistencia no implica la asistencia a lecturas que de hecho las organizamos con gente que no viene al café, fundamentalmente porque tratamos de no fomentar el clientelismo, que de hecho es lo más difícil y vale su esfuerzo. Por supuesto que hay un grupo de escritores que va  todo el año, cada miércoles, pero también se produce un recambio permanente, sobre todo con los jóvenes…”.
Todo surgió de la necesidad de abrir nuevos espacios en el quehacer literario de nuestra ciudad. Su origen se vincula también con Luna de Pájaros, programa radial que va los lunes de 21 a 22 horas por FM Activa (105.9 del dial) conducido por Lily Chavez. El Basta ya estuvo relacionado desde el principio con La Bandada, aportando su cuota de difusión y de intercambio, en un verdadero colectivo dinámico, de inclusión e impulso, conformando un “multimedio cultural”.
En esa dirección es que decidimos  publicar este número especial donde participen  los poetas y narradores que actualmente integran La Bandada, como así poetas que han  conformado mesas de lecturas  y presentado libros, aunque no asistan permanentemente.
Publicamos un relato breve del  poeta Osvaldo Guevara que nos enviara especialmente.
He aquí el nuevo ¡Basta ya! Una verdadera fiesta de poesía. A disfrutar entonces.


                                                                      
POETAS DE  LA BANDADA

Me despojo de mi nombre,
dejo el alma en un vasito,
despedazo el amuleto,
reto al insomnio,
salgo al balcón a dejar que la noche me encandile,
de paso, arrojo cada memoria
-hasta la más infame de las memorias-
Me entrego al ruido
mientras descuelgo los años
que puse a secar ayer,
me deslizo hacia adentro de la casa,
finjo que soy yo, de nuevo...
Habrá que ver si mañana
el amuleto se recompone,
mi nombre se despoja del tuyo
en lo que quedó del insomnio
cuando fingiste dormir...
Habrá que ver si mañana
puedo vestirme con años limpios,
si mi alma sigue intacta en el vasito,
si sobrevivieron las memorias
-hasta la más infame de las memorias-
 

Angelita Acero

*


Tragar las estrellas 
                                
Caminar…                               

Caminar sobre los escombros
con el peso de  las ruinas.

Esquivar las cenizas
que trae el viento.
Residuos del universo
que nos amamantaron
con gesto milenario
y aún habitan
en nuestras entrañas
para estallarnos en locura.

Caminar…

Caminar con urgencia de redención.
Vaciar la oscuridad del cuerpo
asombrar al caos
              tragar las estrellas.

Caminar…caminar… y seguir.


Mely Almada


*




Las bienvenidas se bien vienen y las bien venidas bien llegan
y las retornadas se exhultan de origen
así los nombres en la ley son nombrados
y los nombrados en la ley tiene nombre
mas el malvenido se incumple
y el mal ido no llega
y los mal retornados son disueltos.
Escucha el concejo de espiraladas órdenes
por la frecuencia de onda simultanea
el espacio contiene al espacio
la distancia contiene distancia
el abajo sostiene un arriba
el arriba comprende un abajo
el conocimiento comprende conocimiento
esta es la comprendiente comprendida
la conciencia auto reflejada
esto es esto
secreto es secreto
esto es secreto
secreto es esto
si  asciendes la mitad al cielo
el cielo descenderá su mitad
para que venga-venid!
este es el supremo acuerdo.
                                            swami jalamadei lamat ananda
 Javier Almeida     

*




En ese punto estoy
en el vértice      
allí donde todo pasa


lo que fui
lo que soy
lo que seré
            se refleja  en ese espejo
            de nacimientos y tumbas.

En este punto estoy
decidiendo en que lado
            de la muerte quiero vivir.

                            Silvina Anguinetti


*


Alejandra
                     
A Alejandra Portela

Amanezco
en el sol de tus pupilas;
sólo despierto
cuando me miras.
Me sumerjo
en tu cuerpo.
La eternidad
tiene el sabor
de tu sexo.
Pueden derrumbar paredes;
que las calles no sean más empedradas;
asfaltar las iniciativas y los sueños;
revocar las esperanzas.
Pero nunca podrán cambiar
mi lugar en el mundo,
que está en tu corazón.
                                         

Nito Biassi    


*


Me he sentado otras veces      
en este mismo lugar
pero no siempre vi
lo que estoy viendo.

Hoy                               
que el sol golpea fuerte en los portones
y el césped está alto
hoy
que una zinnia color granate
busca  más allá de las otras
y una voz al teléfono
hace eco en la mañana

puedo percibir
que el aire es otro.

                         

 Molly Bic

*









El equilibrista       
Vivir en la Ciudad de los Hombres
tiene sus bemoles.                        
Conviene andar                  
con  firmeza suave
pocas cosas en el bolso
y no creérsela.
Saber que no todo es blanco y negro
en la Ciudad de los Hombres.
Que  hay grises
y que dentro de esos grises
hay muchos.
Que en la Ciudad de los  Hombres
hay abrazos con puñal.
Que desde arriba pueden verse,
en la Ciudad de los Hombres,
repartidos,                                            
manchones de buen amor,
y a los que dan su palabra y  la cumplen.
Que crecen juntos en la Ciudad de los Hombres
la paja y el trigo
y siempre es       
una de cal y una de arena
allí, en la Ciudad de los Hombres.
Y no olvidarse,
no olvidarse nunca,
que a la Ciudad de los Hombres
llegamos y nos vamos
sin nada.
Jorge Carranza     
Vuelo ausente


Eterna y fría mañana de la jungla.
O podría ser del bosque.
O de la selva.
O del monte.

Estoy con las alas quebradas.
Algún cazador las hirió sin piedad.
No le importó esta muerte lenta.
No entendió de vuelos ni de refugios.


Me dejó el último día de algún mes.
Y desde allí que tengo nada
entre mis plumas.
Sólo mi Alma que a esta altura
se ha convertido en lluvia.

Qué lenta agonía
esta suave ausencia que pretendo olvidar.
Qué triste destino
este de tener vocación de pájaro.

Silvina Ce


*


Las mañanas de lluvia                                                                                                                                 
mi madre me leía Piel de Asno
me fascinaba aquel rey                      
que quería casarse con su hija

ahora que mis ojos crecieron
detesto a los que se creen reyes
y hacen nido en la cama de sus hijas
y amontonan basura en el fondo de sus sueños
y matan las luciérnagas que iluminan sus jardines

ahora que mis ojos crecieron
descreo del antídoto que libra del mal
del amén que se dice en las iglesias
de las palabras que arrojan desperdicios
                                                             en la lengua

ahora que mis ojos crecieron
veo las roturas
entiendo  las polillas sobre la tela del amor

Lily Chavez


*



CARNICERO                                                                               ‘’­­un frío trozo de infierno / dentro de nosotros’’
                                                                       Joan Margarit
                                                                                                                                                                                
Digo ’’ un kilo’’, luego de observar la lista de precios,  en el momento justo en que él levanta su brazo musculoso como el de un fisicoculturista y se lanza sobre las costillas del animal con algo similar  a un hacha. -Lo paso bien cuando vagabundeo de vacaciones. Esto de andar por allí a tientas, al azar, me provoca hormigueos en la sangre. Busco lugares simples, que sean siempre  únicos, lugares infinitos o repentinos. Hoy me cocino yo, me dije, y así llegué a esto.
Tiene los ojos celestes como un mar donde me adentro para gritarle, ‘’saca manías’’.  Todos hablan fuerte  en el supermercado y el rubio  me mira, lacio su rostro y no sé,  si no escuchó, o no entendió o no le importa, inmovilizada su expresión  mientras el hacha rompe las costillas y saltan por el aire partículas de grasa manchadas con sangre animal.
Detengo mi mirada en la heladera vidriada de retazos cárnicos en oferta y los ojos animales de una cabeza que se congela,  me llevan hacia el cadáver de otros, azules como el mar donde me hundo, aunque estén muertos.  No son los del carnicero y sin embargo se le parecen. El insiste. Insiste en no entender.
La luz radiante de una aparato cazador de precios y de peso  recorre ahora la carne que se supone luego llevaré a mi boca y los restos de sangre del animal acribillado  se iluminan y pasan del rojo al naranja  y al color del agua sucia de una lágrima,  caída sobre ella cuando el alma duele  porque se repite en otra vida de las tantas que le quedan.
Me alejo de vos ‘’ saca manías’’ fornido, ojos azules, como el mar de milanesas empanadas que guardas, custodio azul-rojizo de la cadena de frío, tenedor de manos  tijeras, manos hachas, hábil administrador de bolsas plásticas que guardan los trozos de carnes similares a esas con que se envuelven muertos, frágil iluminador de la ternera de primera que sobre mi plato ahora semeja un pedazo de hueso y carne de mis propias costillas acribilladas por el dolor que rodó sobre ellas  desprevenidas y  cocinó a fuego lento, sin tiempo o fuerza para rescatarse, pedir perdones, anidar resurrecciones, arrojar primeras piedras. Y esto no es un simulacro, estoy atravesando vida.
Es tan extraño, sentir que se desea que todo vuelva atrás. Eso, pues percibo  mi cuerpo yaciendo en trozos en un escaparate vidriado, diez grados bajo cero, y allí unas manos y sobre esas manos encogidas de frialdad se  acomodan unos ojos despavoridos, abiertos a la nada y son mis ojos y no son azules como esos los tuyos, carnicero, esos donde quisiera hundirme para siempre como si fueran un mar profundo y claro, que lo baña todo, lo purifica todo, de una vez y para siempre.                          
                                                                                                                                                                                
Basado en un poema de la escritora María Eloy-García                                                                                           Marta Comelli

*



ILUMINADOS
       
     Pedro y su amiga Isabel llegan a VILLA RUMIPAL, ya entrada la medianoche de un hermoso verano. Hacía poco tiempo que la conocía, y no le había dicho que me gustaba y me sentía bien a su lado. Más aún, no estaba seguro si en algún momento me animaría a confesarle que me había enamorado de ella. No quería adelantarme antes que me diera alguna señal de que yo también le agradaba. Pero cada mañana  sin verla, más la extrañaba. No transcurría un solo día sin pensar y aguzar mi ingenio para encontrarme con Isabel. Por eso decidí invitarla a pasar algunos días en la sierras.
     Las cabañas de la Villa, eran rústicas. Y justamente esa noche, las habitaciones estaban  todas ocupadas. “Solo queda una habitación, al fondo, frente al bosque de algarrobos” – nos dijo el encargado-. Todos dormían. Decidimos quedarnos porque una fuerte tormenta se avecinaba. Cuando nos detuvimos frente a la puerta de la única y precaria habitación libre, nos sorprendió un relámpago. Quedamos lívidos. Nos miramos y con los ojos  dijimos: ¿Tendremos que dormir juntos? El encargado nos tomó como si fuéramos una pareja buscando habitación y refugio frente a la tormenta que amenazaba. No había alternativa. Isabel se decidió. Empujó la puerta y entró. Una intensa ráfaga sopló desde el interior y la cerró. Del lado externo no tenía picaporte. Isabel gritó: ¡”Quedé encerrada; no puedo abrir la puerta”!  Pedro se desesperó. A su espalda los árboles se agitaban como fantasmas. De pronto un relámpago seguido del estruendo del rayo al caer, quemó el algarrobo más alto y rodeó el lugar de  luz y fuego abrasador. Pedro sintió que ardía envuelto en intenso calor. Entonces avanzó sobre la puerta de madera y la cruzó como si fuera de papel. Adentro, Isabel paralizada, muda, ve con horror la imagen de Pedro estampada en las maderas de la puerta.  Afuera la naturaleza se ha calmado como si nada hubiera ocurrido.
Juan Croce
                                                                                                         
*


De que se ríen las esquinas   
Pelotas de tenis amarillas                                       
viejas, gastadas                 
algunas quebradas y rotas.
Alguna vez lo vi hacer el truco con limones.
Despliega su arte callejero
cuando los tres colores de la esquina
le regalan un rojo.
Los autos detienen su marcha desganados
al límite de la línea peatonal.
No bajan los vidrios. Ni lo ven.
El, en cambio, da comienzo al show de esferas amarillas
sosteniéndose sobre sus patas chuecas
en el medio del asfalto frío
y con una constante sonrisa en su boca.
La vida es un malabar callejero.                
Cada uno de nosotros es una de esas pelotas.
A veces arriba, coordinados, bailando.
A veces abajo, al medio o al suelo.
Luz verde.
Arrastra su pata chueca hasta la vereda.
Algunos dejan caer una moneda en su mano.
Los autos se alejan indiferentes,
él se queda.
Se limpia las babas con la manga del buzo.
La ciudad se sacude su miseria en las esquinas.
Los zócalos y los cordones de las veredas sudan pelotitas de tenis amarillas.
La cañada esquina Pueyrredón
está aprendiendo a sonreír.      


Stella Marys Darraidou


*


CUATRO AÑOS

Repito un ritual
tan antiguo como se sepa
Han sido en mí
todas las cosas que he podido nombrar
He retenido esos nombres
asociados a sus formas
Cosas nombres formas
perentorias todas
salvo aquello que guardó el corazón
sabe quién cuándo
No hay registros del cariño
aunque sí algunos del amor en un cuaderno
o lo que surge de los portarretratos
Sé que hubo en mí
un tiempo de sosiego
Otro
de premuras y de paz
Lo sé, lo tengo por vivido
como los años que llevo:
una fecha en un papel, un nombre, un camino
Hoy
buscando en esos recovecos
todo se ha vuelto lejano
Como quien ordena sus libros en estantes
así, lo cronológico
Una relación aleatoria
de aquellas cosas nombres formas
en los años que tuve y llevo
y nada más
El resto es una laguna
que presiento
como una sucesión de instantes
desprolija incompleta y ucrónica
No hubo cosas nombres formas
Un lapso
Un olvido
Allí están las cosas que perdí
¿Acaso el olvido sea eso?
¿lo que perdemos
sin cómo ni dónde ni cuándo?
Allí estará todo
amontonado
superpuesto
Una pérdida
perdida en la noche
ocultando otra pérdida
En fin:
una sucesión de olvidos 
que no logra traer
de ningún lado
mi memoria
Sé que había un lago 
y una calle
Y que hacía frío
Mucho frío
Cuatro años.

Pablo del Corro


*








Venimos huyendo
desde lejos
lejos en el tiempo
cuando siendo niños
aprendimos a contar
las estrellas.
Pero siempre en el aire
flotaba la tragedia
los  mayores
alzaban el bastión
de sus luchas
nos sentenciaron socialmente
Todo cambió.
El mundo apretó sus puños.
Ahora, las estrellas son bombas
que centellean en el cielo
los vientos
misiles que destruyen.
El horror empuja
con sus aguas hirvientes.
Huimos de todo
por momentos
hasta de nosotros mismos.
Ahora, sumidos en encrucijadas
nos detenemos
desprotegidos
temblorosos
ante un alambrado embravecido
que nos impide pasar.

Alicia Díaz


*



Villa Cabello    
                                         
Hace cuatro años          
vivo en un edificio     
en una ciudad
donde no se conocen los vecinos
Antes viví en un barrio
donde todo cierra
a las diez de la noche
y las zapatillas
colgadas en los cables
señalan la casa que vende drogas
Es de esos barrios
donde todavía juegan
niños en las veredas
hasta que la pelota cae
en la casa de alguna vieja
o debajo de algún colectivo
Un barrio de esos
donde hay más de tres
iglesias diferentes
con dioses diferentes
y las mismas mentiras
Un barrio inmenso
casi ciudad aparte
cerca del río y
lejos del ruido
Un barrio peligroso
para los que son del centro
y el mejor lugar para crecer
para los que ya nos fuimos
Hace cuatro años
no converso con un almacenero
ni hablo del clima
mientras barro la vereda
Hace cuatro años
no pagaba expensas
ni tenía que discutir
con un guardia de seguridad
por festejar mi cumpleaños
Hoy hago
bollitos de papel
escribiendo recuerdos
como la cancha de fútbol
que mi mama le decía "el potrero"
donde las chicas teníamos
prohibido el ingreso
y los chicos esperaban
su turno para patear la pelota
entre dos troncos
que oficiaban de arco
La misma cancha
donde de noche los pibes
aspiraban su bolsita de poxirán
Y unas cuadras más allá
el mirador donde tomamos
los primeros vinos
y el interminable tereré
y el río inmenso
con su camino de luna
los mosquitos y el calor
como escenografía
de una escena perdida
perdida hace cuatro años
cuando me vine a vivir
a un edificio.

Reni Díaz

*


                
En la esquina donde comienza la ciclo vía
hay una línea sin fin                                           
miro mis pies mientras giro los pedales de la bici
el borde de las zapatillas blancas se desdibuja
se vuelven ráfagas de lo que fui:
una novia con prisa de glorieta
una madre con la casa limpia
un pájaro azul picando el mundo
Retrocedo
aunque el impulso es hacia adelante
me acerco a objetos antes lejanos
y a personas diminutas que se hacen grandes
Acelero y pierdo contacto
con la calzada, con mi cuerpo y el ahora
Me pienso un álbum tirado al medio del camino
que despliega sus hojas al viento.







Faby Fasulo  


  *



Vuelvo a mí
Me repica un dolor fuera del tiempo
Se agita sin cesar, descaderado.
Mi cuerpo se arrastra y gime.
Nado a cuenta gotas
para que la sangre no se agrume.
He perdido la carne
mi camisa, mi zapatos el pantalón de jean.
Estoy blanco, puro hueso.
Soy pura tierra agujereada.
En el tajo de la fosa
espero que la entraña se abra.
La lluvia enmohece mis raíces.
Una indescriptible simiente
acaricia mi rótula:
la siento caminar
como hormiga  empedernida.
Escribo en noches oscuras
la bitácora del viaje al más allá.
La tierra grita, la tierra llama.
Siento el golpe de la pala.
Escruto el sonido de la piedra.
Una chispa se encendió en mi costilla.
El dolor ha fugado
Por el hueco del día.
Sin ojos
             en blando llanto
percibo la alborada    
                                A los desaparecidos y desenterrados en el Cementerio San Vicente                 


Selva Furlán                                             


*








la más tierna dulzura ignora
                                                                 

Pasa de todo cuando el amor ofrece su posibilidad
nos hace un nudo arriba y nos cuelga          
un monte se nos atraviesa                               
se  congela el pan
Se traba el disparo
Nos viste de oscuro la confabulación
Se salta de constelación
Se dinamita la entraña
se libera una serpiente
El perro guardián
desobedece a tu  voz de mando
cruza la línea que le trazaste
y se asoma
Cuando ese perro negro se asoma
Se asoman dos niños tiranos e implacables
Se asoma el padre feroz
y la hija hambrienta
Se asoma el mundo que ignoramos
una fe abatida
una dicha que alentándonos enferma
Ahora que lo pienso fuimos nosotros
aquel perro
todo el día a la espera con las luces apagadas
acumulando sangre en los pulmones
devorando la misma ración                  
como si no fuese cada noche un sabor idéntico
Como dos platos sumergidos en el ansia de una bacha
querida, nos hemos ahogado                        
quizás la música de Satie 
flote un tiempo más sobre lo domestico
Y el perro, fuera de sí
sin que podamos detenerlo
se arrime al agua de nuestras cavilaciones
 e ignorando ya lo dulce
descubra lo perverso



Laura García del Castaño


*






Eco


Voy trepando
     las sucesivas graderías
               del tiempo en el ocaso.

Siento bajo mis plantas
             -que van palideciendo-
el eco de voces y de gestos
de aquellos que me amaron
                     y que ya se fueron.

Huérfano mi corazón
lastimado en ásperas tormentas…

           Sólo espera el momento
          
                      para saltar al vacío


Yolanda Gozálvez 


*





Si vas a perder algo, que sea del todo. 

No pierdas un amor a medias,      
ni dejes que el delgado hilo de fuertes dolores
te enlace a lo perdido.                                    
No pierdas las horas llevando miles de fotos en una falsa memoria. 
Mejor admite la soledad, asómate a ella, con tus propias palabras,
y observa ese vacío que en proporción a lo perdido ocupabas. 
Y no, no intentes llenar los desiertos, cubrir lo vacante, ejercer reemplazos,
ni beber las imitaciones fraudulentas de los milagros.
Observa, con todos los faroles encendidos aquello que falta. 
Luego, te aseguro, vendrá la admisión del futuro.
Si vas a perder algo, que sea del todo.

Ricardo Gutiérrez


*






I

Huele a café la mañana
y tus manos me buscan
bajo la sábana clara.
Rústica y salvaje
mi piel se despereza
entre tus dedos.

II

El silbo jadeante
de la pava que hierve
junto al olor salado
del pururú que juega
en la sartén
me han pegado en los labios
el tibio encanto
de aquellos mates blancos
que la abuela cebaba
mientras se iba apagando


 Julia Guzmán



*




NEGACIONISMO   
                                       a Carlos “Pecas” Soriano

No voy a escribirte un poema de amor
con vos hay que tener cuidado.
Como cabecita de fósforo
-al mínimo roce-
Arde tu corazón.
No voy a escribirte un poema
sabiendo que contarte es lo mejor:
Quijote  Romeo y Julieta  La Madeleine de Proust
Hechos que nos marcan para siempre.
Se muera quien se muera  con vos el fin es el  mismo:
Que se muera la muerte.
No voy a.
Vos venís a Nosotros y nos salvamos en tu Cielo.
No voy.
Colibrí y tsunami  vibras en todos los Espacios.
Todo vos el Mundo.
Que calma contemplar la sima desde abajo


Así tu ojo ciclópeo que todo desdibuja
Realidad en dos bemoles:
No y no.

Al pie de los Casos exhibidos
Otra Ciudad se avecina.



Tu palabra  hacha
Tu palabra  menta
Tu palabra  esdrújula
                                      Empujándonos a la Lengua
Y la boca es un sólo latido
¡Por fin algo verdadero!

*Doctor Carlos Soriano: Resistió 19 días en Huelga de Hambre, puño en Alto de Humildad quien lucha- en este Presente Futurista- por él y por Todos para que un Orden Digno/ Honesto/ en el Servicio para la Salud nos sea proporcionado.
Y fue en Junio del 2017 cuando al invierno crudo de la Administración In/humana le llovieron Soles.




Fany G. Jaretón




*





He sido esclava, diosa,                 
Hechicera de los bosques celtas      
Acompañé a Juana de Arco en las Cruzadas
Fui  la pecadora de las calles de Estambul
La monja arrepentida de sus votos            
La vikinga de la espada labrada      
La mujer que parió 3 hijas                  
La amante de un cobarde recaudador de impuestos
La hereje del patíbulo bajo el fuego de la hoguera
La amiga de los desheredados de esta tierra
Tantas tantas miradas pasaron por mis ojos
que las cicatrices tiemblan en mis manos
Recuerdo mi juramento al sol
He cumplido todas las vidas dispuestas
                      Soy una mujer libre de mi misma

Rocío Jiménez 




Reflexiones
                     
Vorágine de palabras que se lanzan sin mediar un compás de espera.
Solitaria en un cementerio poblado de dinosaurios gigantes, dinosaurios que emergen en la oscuridad.
Ciudad tapada por pócimas envenenadas que cruzan el firmamento agitado.
Cruzando las tinieblas en una barco sin vela los solitarios habitantes de la anoche buscan un lugar, un espacio, donde guardar su angustia.
Huyen y en su ciudad olvidan sus harapos y sin ellos sólo sienten la compulsión del regreso pero el temor que los invade les quita la posibilidad de aquello.
Surgir y resurgir entre las tinieblas entre las arenas movedizas del lugar que los había conmovido.
Hay almas que van a la deriva y de la mano se sostienen, se aman, se confabulan.
La sombra trae aparejadas sombras, sombras que aparecen desaparecen ente muros de piedra donde los murciélagos juegan a los escondites en los huecos que los cobijan.
Sombras y más sombras en la casa  donde ronda la muerte.
Muerte que acecha sin edad, sin tiempo.
Miedo…temor…muerte…lejana…vivencias claras…manos que tienden…alegría que mata los sentidos…tristeza que corroe…abandono aún no superado…tiempo de amor…tiempo de borrascas…tiempo de exaltación…tiempo de espera…tiempo, solo tiempo.
                            

Graciela Kurán


*


DIAMANTES


Dos amantes en el centro de la noche.

Ráfagas, instantes plenos, aquí,

minutos fugitivos junto al fuego de la salamandra.


Aquí, bebiendo vino blanco

bajo el frío del cielo y la luz de la luna.


Aquí, reconciliándonos con el destino,

espléndidos y eternos

apenas vulnerables.


Alfredo Lemon

*







Dama de hielo      
No podrás perdonarla aún.
Dama de hielo
que luce altiva
su balanza de oros,
inhumana
y desvendada.
No podrás perdonarla aún
y la dejarás atada
a la misma rueda
a la que su pluma
te lanzó  amarrada,
 hasta que llegue el carruaje
con tu pájaro sangrante
y su corazón llore y llore
clamando por algo
solo algo
de todo
todo aquello
que de  su  voz
 te fue negado.
No podrás perdonarla aún
porque sus  manos 
consagradas
ajaron tu alma
ingenua
crédula
y abanderada.
Porque todavía amaneces
con los puños cerrados,
porque aún sientes el  ahogo;
no poder gritarle
ni golpear las puertas
de su palacio
de custodio inmaculado.
Porque todavía querrías
enfrentarla cara a cara sin sus fueros
mirarla a los ojos
y reclamarle porqué
porqué tanto
tanto
dolor
te fue causado.
Desde el centro de  tu nobleza
temes
que todavía
inhumana y  sangrienta
con su rostro de desigual vara
mida
a los navegantes,
sin soles
ni redes
a quienes  su faro
guía .
Por eso
la  dejarás aún atada
con tu mente,
tu corazón
tu voluntad
y tu palabra,
Dama de Hielo
despiadada,
a la misma rueda
a la que
la injusticia de su pluma
te  arrojó
 desarmada,
hasta que un día  la luz de la paloma
te ilumine con su vuelo
te libere
y la tormenta  de tu corazón
escampe.
No sabes,
si antes de esa claridad
podrás tu perdonarla.
                     Dama de hielo.
                             Desalmada.

Alicia Loza



*


Me pediste un poema para tu cumpleaños,
yo pensaba en fabricarte un corazón
con pedazos de tela.                
Esa misma que usas
para elevar tu cuerpo al aire,
la que se estampa como una estrella
bajo un cielo azul sin nombre.
Me pediste un poema para tu cumpleaños,
yo pensaba en esos tres deseos
que te harían muy feliz.

Una vez me dijiste:
-deja de pensar tanto y hacé,
Fuiste lo suficientemente clara,
precisa, convincente,
para que yo pudiera tatuar
en esa estampa, en ese corazón de tela
la figura de este poema
bajo tu nombre.

José Machado


*

AVES NOCTURNAS

                                                           
Me fui a lavar los dientes al baño después de cenar ya no quedaba dentífrico pero de todos modos quiero aclarar que nunca llegamos al extremo de no lavarnos los dientes porque eso sería más costoso aún solo la estiramos durante varios meses lo mismo ocurre con los jabones de tocador y el detergente de la casa paulatinamente fuimos negociando esas pequeñas cosas imprescindibles mis padres eran empleados y lavaron la ropa a mano durante muchos años hasta que pudieron comprar su primer lavarropas pero no recuerdo que llegaran a este extremo lo mismo puedo decir de mis abuelos la diferencia es que ahora está malaria se ha naturalizado incluso podríamos decir que se ha puesto de moda la gente normal acepta estas limitaciones de tiempo y forma que en definitiva nos hacen ver más reales y crean cierto grado de empatía ahora se estila sentarse en el suelo no comer carne pagar entre varios vecinos el cable o internet cuando no robarlo y así sucesivamente la gente más popular asiste a las ferias de ropa barata los ricos lo hacen de vez en cuando también para poder seguir comprando productos y servicios de alta gama con tarjetas de crédito que suman puntos el asunto es que recién fui a cepillarme los dientes con la última gota de dentífrico que quedaba como casi todas las noches cuando de repente ocurrió algo extraño esta vez de mi boca no salió solamente agua muy levemente teñida de pasta dentífrica -o dentífrica, nunca sabo cómo se pronuncia correctamente- sino que además cayó en la pileta muerta o moribunda en todo caso un ave diminuta no me había ocurrido jamás yo esperaba restos de alimentos y no insectos o aves moribundas el bicho cayó dio unas vueltas y luego se quedó atascado en la rejilla como aleteando unos segundos ante la mirada atónita ahora estaba vomitando aves o insectos muertos o sencillamente se me habían quedado en la boca depositados no lo sé me llama mucho la atención creo que hemos perdido toda noción de la realidad.


Gabriel Marco


*



CAMINATA



Reconozco el frío de la mesada de mármol. Deslizo la yema de los dedos e identifico por su aspereza, cada mancha pegoteada sobre ella. Puedo diferenciar con facilidad si se trata de grasa, de dulce o restos del mate que casi siempre derramo al preparar.
Encuentro la caja con los saquitos de té pero no puedo distinguir si es te rojo o es el de manzanilla. Para el caso es lo mismo porque siento el estómago vacío y una sensación de hambre que me irrita.
Deslizo la mano buscando los fósforos. No están en el lugar de siempre. Tanteo a todo lo largo de la mesada y no los encuentro. Mi mano choca con algo y siento el ruido de vidrio roto en el interior del termo. No tendré entonces donde poner el agua caliente, si es que llego a encontrar los fósforos para encender la hornalla.
Escucho golpear la puerta.
Empiezo un camino tortuoso, esquivando obstáculos.
-¡Si hubiera orden en esta casa, todos los muebles estarían en su lugar!-
Pero con niños que todo desparraman y adultos que no acomodan, ese pedido resultaría imposible de cumplir.
Y así suceden cosas como ésta, pisar un autito y quedar tendida en el piso, puteando y maldiciendo los infortunios de esta vida.
Me levanto con dificultad y consigo llegar a la puerta de calle. Tomo el picaporte y quiero abrirla, pero un nuevo inconveniente se presenta: está cerrada con llave.
Desandar el camino y buscar la llave que no estará colgada en el lugar de siempre, me desanima. Estiro la pierna para encontrar el sillón del living. Me recuesto en él, exhalando un profundo suspiro.
Así relajada, me quedo dormida, hasta que escucho la voz de Valeria que me grita - ¿Qué hacés en el living con la luz apagada?
Abro los ojos, la luz me enceguece.
– Es que creí que la habían cortado –


                                                                    María Juana Molina
*  
                                                        

 ARDIENTE FANATISMO
     La tierra, con su vasta intemperie de posibilidades, albergó  un ejemplar de la flora que burlaba o emulaba esa obstinación propia del hombre por prolongar la juventud. El homo sapiens, con la tecnología de la observación, comenzó a adorar en su intimidad a un ser que podía vivir más de mil años o quizá dos mil, casi sin perder su fuerza. En efecto, una secta surgió, creyendo haber hallado dicha representación en la sequoia, un árbol del norte que mientras más viejo, más duro y más alto se tornaba. Nacía la consagración y el fanatismo, una ecología oscura.
     Los siglos pasaron, también el hombre. Una vez derribado el último árbol del planeta y exterminada toda vida, las almas que amaron la sequoia anduvieron errantes. Confundidas por una alternativa de símbolos, rechazaban cualquier propuesta de  paraíso. Resentidas por interpretar que su dios las había abandonado no admitieron las explicaciones y consejos de los seres del más allá. Por sugerencia divina, los despechados espíritus fueron transportados hacia un lugar cuya apariencia variaba según la necesidad de los desesperados (un sector  especialmente sensible  a las ocurrencias de  ofendidos y escépticos). Una vez allí, los recién llegados imaginaron que el lugar todo era una gran e imponente sequoia, pero iracundos de resentimiento por tanto desencuentro con la deidad a la que amaban, imaginaron que ésta se quemaba. Un incendio pavoroso dañó severamente el área de imaginación, diseñada  para refugio de los desencantados e incrédulos. Hordas de almas insatisfechas debieron abandonar el recinto en medio del humo; las salas de espera se abarrotaron de seres que maldecían. Las mentes creadoras entonces, reciclaron el planeta tierra en forma urgente, y lanzaron a una nueva reencarnación a todos los infelices. El más allá se descongestionó. El cielo recuperó sus garantías. La tierra volvió a ser la que era.

Daniel Montes de Oca


*

La niebla oculta la belleza           
del color, la luz y
el dolor de creer que nada duele.
Pero sí,        
duele la comedia de la inocencia,
la incertidumbre del tiempo,
los desechos de amores olvidados.

Vivimos a pesar
de lo que nos fue quitado.
Vivir es el grito
que alumbra nuevas esperanzas.





Eduardo  Planas




*



                                                                   

‘’Me gustaría saber qué tan pobres son los pobres’’ *
       Javier González Fraga en julio del 2016


culpable de la incongruencia
incómoda zapatilla
que cubre su pie joven
sucio
ajado
soporte de pierna
consumida
huesos pintados color mugre
contra el paredón de la pobreza
frente al pelotón de la impotencia
y a quién le importa la zapatilla, el pantalón, la pared
es esa mirada perdida en el futuro
que se hace presente
en ese instante en que tanto hambre
nos mira y no lo vemos.

Alejandra Portela




*






Púrpura

Huracán verdad la poesía
golpea, arrasa, arremolina
esquirlas, metástasis
grita, duele, desparrama.
No se puede esconder ningún sentido
dice amor sobre dolor
apocalipsis, nausea, pérdida
dice ahora sobre ayer
púrpura, prohibido, acantilado
espectros sobre luces
mañanas por tinieblas.
Dice herida  sobre olvido
holocausto, desamparo, maremotos.
Todo saca a la luz
abecedario, escarlata, pesadilla
desintegra, aúna, desbarata.
El silencio sostiene la mentira
por un rato de calma
sólo un rato.
Huracán verdad la poesía.


Cristina Ramb


*





Semillas en espera

Ya no soy
esa ilusión antigua
que construyeron ellos
los hombres del Panteón
de nuestra América.

La oscuridad confunde
el cielo con la tierra /
caen los nidos
el viento / desbocado /
sepulta las semillas
en espera.

Los ingredientes 
de la vida
están en los cometas

y esa ilusión antigua
reverdecida
cabalgará en su cola /

se desparramará
como la siembra.

Aura Re




*



Frente al espejo
busco lo extraviado

Tu rostro en la nieve
de cada invierno
refugiada                 
bajo las ramas del pino
con el cuaderno
en las manos
deshacías en palabras
los copos que caían
sobre tu flor preferida

Con el tiempo fui perdiendo
el tono de tu voz
de tu risa
y tuve que dejar tu nombre
en aquella casa

días amontonados
dolidos por la pérdida

Eras el silencio de la música.


Lelia Recalde Deponti  




*

           
Hay un lugar
en la casa donde crecí,
un rincón en el patio,
bajo el árbol.

Allí,
piden prestado
mis oídos
su silencio.

Allí
recojo una pluma verde
y remarco la ilusión
en su tronco.

Aquí,
sigo buscando
la certeza de los brotes
de aquel tiempo.

                                                     Imagen: MeliPaz

María Claudia Righero



*

Patina la calle su llovizna fría
Noche silenciosa y dura
Habrá inocencias rotas
En el cristal de la escarcha
Las miradas se ausentan
¿Quiénes velaran el desamparo?
Está deuda interna que no termina
A Pecas Soriano

Graciela Roque
*




Pétalos de lino

Estoy fea como una asesina

ni como puta me mirarían

-Dijo la mujer de carnes blancas,
                                                                              
al pintor rosa -

Y siguió sentada con el sexo fresco

en el lienzo inmóvil

entre sandías vivas y peces muertos.

Harta de soledad atravesó el suave lienzo

y envuelta en pétalos de lino,

fue a buscar algo por el callejón.

Nadie la reconoció 

y desde donde...  nunca volvió aparecer.

                          Mónica  Rúffolo

*

Patria   (dos)                 
En el patio regado de la infancia
comí los higos más dulces   
oscuros genitales de niño
su áspera delicia.
Entonces la patria era no más que eso:
la sencilla felicidad de las tardes
el mate a la sombra de la parra,
la roldana del agua en el pozo del patio.
Mi padre, desde  temprano
trepaba a los andamios
silbando.
La patria era mi padre,
mirarlo desde abajo
cuidar entre mis manos su almuerzo
poner su vino a la sombra
y esperarlo.
He visto ese viento
sobre el lomo encabritado de la tierra
la dentadura feroz
su dentellada de frío.
No había nada más
sólo el viento en el desierto
y yo.
Me pregunté entonces si lo que sentía
(eso que todavía no puedo nombrar)
era la patria.
Sigo preguntándome lo mismo.   

Irene Scalabrelli       

*


El bodegón

El bodegón tiene ese olor a viejo
a polvo
de botellas sin brillo
de billares y tiza.

El bodegón tiene ese olor a viejo
a sabor de guiso caliente
de vino con soda
a budín de pan
y arroz con leche.

El bodegón tiene ese olor a viejo
a ese cuadro colgado de naturaleza muerta
de granadas que saben a casa de los abuelo.


El bodegón tiene ese olor a viejo
a encanto
a lugar de encuentro.
                                          

Carolina Sorrentino

*



NOCTURNO              


Un Caronte de entre casa timonea la barca de mis sueños.
Me ha llevado anoche, indefensa, como tantas noches se complace
por los meandros difusos del pasado poblado de recuerdos angustiantes.
Volví a ver el rostro del amor sin la venda que lo cubría en ese entonces
habité viejos sitios ruinosos, símbolos y escombros
todos restos de ilusiones destrozadas y verdades escondidas tras telones inventados.
Te vi, madre, caminar por senderos imposibles.
Y gobernando ese mundo de locura aquél que, ahora, ya nada puede seguir decapitando.
Lentamente el barquero me guió por ese ayer de verdades y utopías
Para luego depositarme en la ribera tranquila del presente.
Sin abrir los ojos, palpé la certeza de mi lecho
Respiré hondo el aire frío y oscuro  que entraba por un filo de ventana.
Siempre elijo el hoy, esta construcción de vida que rescato de lo que fue demolido.
Estoy aquí, ciertamente viva.
Aunque mi propio Caronte me visite algunas noches
Para recordarme las muertes del pasado.      





Diana Vázquez


*

        
En la punta de una rama
Maullaba el gato aquel,              
Quiso rasguñar la luna     
Que se estaba por caer.
                                               
Creyendo que era de leche
De un salto  la fue a beber,
Y  tanto mirarla le parecía
Del cielo se iba a caer.        

Y  entonces todos los gatos
La fueron a socorrer
Zambullidos en la luna
Toda llena por beber.

Estuvo noches enteras
Contemplando a Su merced,
Pasando frondosas lluvias
Frío…hambre….viento y sed.

Pero se trepó tan alto
Más allá de allá también…
La rama meció su sueño
Y allí  maulló a su bien.

Juan Martín Velázquez   


*


Manifiesto de la camioneta suburbana
Llevaré a las criaturas
a repartir agua en bidones
antes que llegue el invierno.
Soportaré las caritas
caídas de la luz del disgusto
hasta que despierten todos
de los emoticones.
Nunca permitiré
que almas metálicas
(instrumentos no tocados
           por ningún viento)
prometan
ni declaren
que ellos pueden trabajar
ni tampoco
              que no pueden.
Ningún mesiánico
transitará impunemente
los caminos de la vergüenza.
Soy lata
y lata chillona moriré
pero sin dañar a los niños 
porque recorro el verbo
              el verbo de la Utopía.

Elena Zitelli





POETAS INVITADOS
                                                                                                                                                  
Le sacaba fotos                
al busto de Manuel Belgrano
que la ciudad de Roma le regaló al pueblo argentino
Belgrano mira hacia la Vía Cavour, frente embajada
¿Sos argentina?
Sí, ¿viste que bueno?
Sí, hola, sí
Después caminamos juntos al Vaticano
con una parada a almorzar
cerca del mausoleo Augusto
Quedamos en vernos esa noche
 en la plaza de la Basílica de Santa María in Trastevere
Yo llegué tarde, ella
creo que nunca fue

De Historia de Roma, inédito.

Guillermo L. Bawden             
*



Se me sale tu nombre
por todo el cuerpo.
Se me sale tu nombre
y no puedo evitarlo.
No importa
lo que quiera decir
es tu nombre
el que me sale.
Por los poros,
por los ojos,
de los labios.
Es tu nombre
el que aparece
en el aire,
por la calle,
entre el tránsito.
Colgando
en los andamios,
dibujando pasos
en las peatonales,
detenido
en las esquinas
esperando la luz verde
del semáforo.
Es tu nombre
el que me ronda
en los lugares
más impensados
y se ríe por lo bajo
mientras bebo de a sorbitos
el café de la mañana.
Es tu nombre el que me sale.
Se me sale tu nombre
y no lo callo
porque tu nombre
es la excusa perfecta
para así, poder nombrarte.

Guillermina Delupi
*

  
  



Entregar me  
                         
podemos ser como somos mirarnos con amor
soltar
unir
danzar
dejar el movimiento que nos llama
escoger
lo que sí
lo que no
hasta dónde y cómo
cada cual a su ritmo...
en el silencio hay tiempo...
en la quietud
              la eternidad
                          una hoja
                                    que cae lenta
                                                       mente
un capullo se abre en flor
un niño una niña crece
muere una planta
una madre
cambian las fases de la luna
inspiro
expiro
intento observar las cosas simples
quiero aprender
de aquello
         que me importa                  Camila García Reyna


 *

  





No crucifiquemos
Las rosas              
En las interminables
Paredes
Del olvido,
No sacrifiquemos
El grito
Bajo los impredecibles
Escombros 
De la noche,
No ignoremos 
El relámpago
Que estalla en el viento
Multiplicando 
Las estrellas.

Abracemos el rio
Que predice la aurora,
Volemos hacia la promesa
Que nos devuelve la risa,
Inventemos el cielo
Que dibuja en nuestras almas
El eterno resplandor
De la esperanza.

Marcelo Gioino



todas las mañanas que pude        
antes de salir          
dejaba una finísima línea de arena
a los bordes de la casa
para que los barcos
tuvieran
adonde llegar

detrás de esa costa
el trapo del amor
se levantó cómo pudo

un farito blanco
sucio

la inestable señal
que los niños distinguen
desde la escuela


Christian Hertel

(de la erosión, Editorial Deacá 2017 – inédito

 *





La locura asusta 
aunque tengas una cara bonita
escribas poemas
cantes con voz de ángel
y rías como una loca
Sí, reír como una loca hechiza
Luego, las van a querer sobrias
madrugadoras, fieles
protectoras, empoderadas
pro amas de casa
y en lo posible que alumbres hijos
La locura asusta
el dibujo de sus líneas amenazan
con enredar la belleza, el horror y la piedad
Una quiere sacarse la que es
como un vestido que usó todo el día
tirarlo por viejo, descolorido
Pero no
se lo vuelve a poner una y otra vez
Una va inhalando tinieblas
las acumula
El humo y el vacío se llevan bien
Es la zona del espejismo
y aunque indago
el dolor es doblemente dolor
No sé si proviene de un pozo orgánico
de voces infiltradas
de la unión de dos que no supieron vivir
Ay la estupidez que me quiebra y me sostiene
y la maldición de la videncia que trastorna la cura
ya no del vaivén
Hoy, levemente balanceo
No así, si el amor se retira
Cautiva de mí
a veces salgo y veo un rumor dulce
luz intensa
el estuario de un rio que va
hacia donde mi corazón lo dirige
Aún soy joven y bella
dice la sensatez que es la mitad de una mujer
La otra me arrastra de los pelos
grita que no hay lugar para lo ordinario
La sobriedad detenida es vulgar
La sobriedad es un estanque que se pudre
La sobriedad no lo es todo
Vuelvo a caminar la disolución de mi nombre
Y la verdad se vuelve repentina
Soy un puente violento, quiero que me crucen
Estoy del otro lado, también
La locura asusta y te entiendo.


Mariela Laudecina

*



Desperté recordando que de chica
tenía miedo que el cuerpo de cristo
no alcanzará para todos en la iglesia
después volví por unos guantes de lana
tejidos desprolijamente                            
afuera el  viento es helado
debemos abrigarnos
alimentarnos bien
procurarnos calor me digo
él no me conoce pero sabe que estoy triste
dice que va al mercado por pescado
que lo acompañe
será mi guía virtual
por los suburbios de Paris en primavera
y describe lo que ve entre su casa y el mercado
no
el cuerpo de cristo no alcanza para todos
pero Abel se dispone a preparar pescado
y a compartirlo conmigo al otro lado del atlántico
mientras
habla mucho y de todo
yo no puedo olvidar me dice
es un problema
por eso tampoco puedo volver
me quito los guantes
cuando ya todo está listo me advierte
cuidado con las espinas
las saque
pero nunca se sabe
Laura López Morales



*


Una miga de pan  enmohecido
                                                                          
El asunto con la poesía es así:
Yo nunca sé qué palabra diré, que balbuceo o qué grito.
No lo sé nunca antes.
Mucho menos puedo pensar al escribir poesía.                                                  
No se piensa al escribir, sólo se escribe.
Y al final del aliento,
del estremecimiento del cuerpo, derrotado en el esfuerzo,
puede aparecer, a veces, la cola de una idea,
pero sólo es un ratón, un ratoncito pequeño,
que sólo quiere hacerse de una semilla,
o de una miguita de pan enmohecido, oculta detrás de un viejo
mueble,
para poder sobrevivir en esta helada noche de invierno.
Nunca lo atrapo, lo veo irse,
a una velocidad imposible para mí.

Un poco así la poesía:
Un animal perseguido, despreciado,
que se alimenta de los desperdicios,
que logra sobrevivir cuando todo muere, sólo algunas veces
porque también suele morir,
de un golpe seco en el cráneo o en las vísceras.          

Eda Nicola


*


DÍAS
Hay días en que uno se levanta / con ganas de meter violín en bolsa, / de poner los pies en polvorosa, / de tirar al río revuelto /el cuchillo de palo del herrero, / de quedarse con los cien pájaros volando / y de alquilar balcones para lanzar / bombitas de llanto a las muchachas.
Hay días en que uno se levanta / con ganas de inventar una fogata / para quemar las últimas palabras / o convertirse en invierno y deshojarse / de los versos condenados, / quedar desnudo, despojado / en el centro azul de la mañana. 
Hay días en que uno se levanta / con el único propósito de transitar / las horas / eludir naufragios / y otros estragos.
Y sin embargo, uno sobrevive / porque una metáfora tenaz, / desobediente, / se ha salvado milagrosamente / del incendio.

*

MILAGRITOS
Es imprescindible, / de vez en cuando, al menos, / treparse al día, encaramarse / en el árbol azul de la mañana / o en la rubia estatura de la siesta, / para divisar la vida, /  descubrir milagros / o desenterrar prodigios.
 Me refiero a milagros y prodigios de entrecasa, / sencillos, sin destellos, pequeñitos, /de esos que no ocupan / la portada de los diarios, /  ni los titulares de la tele, / de esos que no merecen / cortes de cinta, discursos ni sermones.
 Digo, por ejemplo, / un niño vencedor del hambre, / una mujer rescatada de las bestias, / un hombre con la risa entera / o un jazmín en la solapa del soldado.
Estoy hablando, amigos míos, / de mesas con pan y vino rojo / y sopas y pucheros, / de techos sobre las cabezas de la gente, / de chicos que lean en voz alta, / de manantiales de agua pura, / de tierras feraces, / de molinos movidos por el viento / y de un ejército de fuegos cocineros.
Esos son los milagritos, / los pequeños prodigios / que trato de atisbar / de vez en cuando. 

Daniel Tomás Quintana





 *

Supe más que antes sabía

                                                                                                                                               Tiré todas las tesis. Supe de ecuaciones y teoremas ya
eran sólo un concierto de plagas rojas y azules que me
enfadaban con sus chocantes tonos
eruditos.

Tiré todas. Descansé por fin de correcciones, de
huellas enmohecidas hacinadas en mi mente con el
polvo de las bibliotecas visitadas desde niña. Me
deshice de ellas para lograr un hueco en mi
memoria: dejé que hipótesis, resúmenes y tablas
fueran un ajeno olvido.

Tiré todas las tesis y así supe más que antes sabía:
mi alma se hizo limpia, se alivió de madres
entintadas, padres por un día, novias, novios y
juramentos en voz alta. Rompí fotografías,
citatorios y manos sudorosas. Tiré las pequeñas, las
voluminosas, las precisas, pero antes borré los
nombres de sus pastas, no quise que sus autores se
marcharan.

Tiré todas las tesis menos una. No supe qué hacerle: me
dolía. Aquella que sobre el café, tú y yo nos
bebimos aquél día.


Lilia Ramírez Carrera


*

Porque sí  

prefiero muchas veces
aquello que haya roto el equilibrio
la imprecisión de una línea en algún punto
la mancha que no termina
de ceder tras la pintura
Elijo
(es que el estándar no me sale)
la duda o lo irresuelto de un problema
Confío mucho más en el borde en lo difuso
que en la nitidez de la medida
en la partícula que salta
de una gota cuando estalla
en el silencio que habita
entre dos notas musicales
Prefiero
por preferir
esta tierra toda abierta para arriba
y aquello que
por desplomarse
nos levanta


Susana Slednew           


 *
                                                                                                                                                                                

Pasaje Bóveri esquina Buenos Aires
                                                         
Hay un hombre horizontal en la línea de los desechos.
Terrateniente de un rincón mugroso                               
con vista a la insensibilidad                                   
de miles de tobillos sin ojos.                                  
Recogió con el imán de los talones                      
su poca sombra perpendicular
hasta acordonarse en un perímetro de tedio.
Ocupa una esquina en el centro de la ciudad
como una innombrable escultura.
Una radio a pilas le habla del mundo fuera del ángulo.
No hay noticias que lo abarquen.
Conoce la tiranía del clima           
cuando su colchón se vuelve techo.
No conozco la ranura de sus manos
en el gesto triste de pedir limosna.
Podría llamarse Claudia
pero prefiero no saber su nombre.    

Claudia  Tejeda

 *


No sé qué hacer con tanta primavera

¿Cómo llegaste a mí?                         
Sin evitarlo                             
¿Qué haríamos juntos?
Tocarnos
Vos tan primavera
Yo otoñando
Vos  tanto atrevimiento
Yo tan asombrado
Vos tan celeste
Yo tan castaño
¿Vendrá el desamparo
de no mirarnos?



Mario Trececk


                                                                             
 *



KAISER
                                
    Káiser, un nombre rudo. Al menos como tal me sonaba aplicado a un perro de la vecindad que casi superaba mi estatura infantil cuando se erguía sobre sus patas traseras para agasajar con lengüetazos en la cara al amo dominante. Era un bulldog con aire de matón cuyas mandíbulas, según se comentaba, hacían flamear como un trapo a todo contendiente canino cualesquiera fueran su complexión y alzada.
   Esa noche fatídica lo comprobé. Íbamos mi madre y yo por la cuadra en que el Káiser imperaba omnímodo sobre sus congéneres acompañados por el Flecha, mi ratonero saltarín. Desde su trono en el umbral de una casa palaciega nos miraba pasar el Káiser, displicente como un verdugo en horas de ocio. Pero el pequeño se acercó ladrándolo al grandote y éste, con una agilidad que desdecía su peso pétreo, saltó atrapando como a un pájaro en vuelo la garganta del Flecha. Sin soltarlo, lo sacudía como queriendo vaciarlo.
   Mi llanto y los gritos de mi madre tratando de espantarlo atrajeron vecinos y transeúntes, que coincidían en indignarse ante la desigualdad de las fuerzas en pugna. Nada pudieron las vociferaciones perentorias, los tironeos de los forzudos, los golpes de un látigo ni el estampido de un revólver disparado hacia las estrellas.
   Hasta que apareció el dueño, quien lanzó al victimario una orden tajante, quedando la víctima milagrosamente en libertad, aunque con un trozo de piel tumefacta inflándole como un bocio la garganta.
   Felizmente, no había perforado la piel la mordedura eterna.
   Casi no dormí esa noche, atento al sueño de Flecha, trabajoso, erizado de pesadillas sin duda.
                                                            ……………………………………….
    Un par de semanas después, ya repuesto al magullado, si bien con la piel suelta abultándole aún la garganta, sorprendí en la esquina de casa una escena que revivió mi pánico de la noche terrible: ejerciendo un ritual de la especie, el ratonero y el bulldog se oliscaban con desconfianza ancestral, pero como si entre ellos nunca hubiera ocurrido nada.
   Insegura la voz, llamé a mi perro que vino hacia mí trotando alegre, sin disipar por eso mi terror.
                                                           …………………………………………..
   Una tarde que preanunciaba la primavera –aún sobrecogido mi corazón por la memoria de la noche fatídica- una caravana circense pasó por mi calle anunciando funciones, al son de una musiquita retozona. Se acompasaba a ella, alternando contorsiones y zapatetas, un payaso de nariz descomunal semejante a un pimiento escarlata.
   Detrás iban dos malabaristas que intercambiaban teas encendidas como disparándose relámpagos, seguidos por un gigante agobiado por su corpachón eminente, al que molestó la osadía de un chico quien, aprovechando un alto de los artistas errabundos intentó medirle el largo de un pie con las manos abiertas como para alzar un adoquín.
   Cerraba el desfile promocional, opacando al resto, una silueta femenina grácil y rítmica. Sus cortas botas amarillas prolongaban su color en un pantalón ceñido. La chaqueta cabrilleante le estrangulaba la cintura acentuando su esbeltez, realzada asimismo por un morrión de alta copa rematada en un pompón que parecía aletear.
   Gobernaba la ecuyere una fina cadena vuelta pulsera en su muñeca, cuyo extremo sujetaba a un cachorro de tigre, incómodo en su collar de férreos eslabones.
   Sentado en el umbral de costumbre, como en el puente de un castillo, el Káiser divisó al félido y se catapultó hacia él. Mediante un tirón violento el cachorro se liberó de la amazona y corrió hacia el agresor. Proyectándose en un salto acrobático, propio del circo en que actuaba, se depositó sobre el lomo enemigo, haciéndole sentir desde esa posición estratégica sus dentelladas y sus zarpas.
   Aulló de dolor el bulldog y encharcó con su miedo el asfalto. Ayudantes duchos desmontaron al asiático de su pedestal germánico y lo introdujeron en una jaula previsora cuyo rodar gimoteante me sonó burlón.
   Arrastrando la cola entre las patas, el bravucón escarmentado atravesó el zaguán palaciego y se volvió invisible.
   Contento, y más aún porque mi perro, pegado a mis talones, había presenciado la escena, me acogí canturreando a la amada seguridad de nuestra casa.
   Esa noche, por primera vez en muchos días, el Flecha y yo descansamos en paz. Se diría que ambos dormimos perrunamente.
                                                                                                                                                                
                                                             OSVALDO GUEVARA